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SINTONIZAR LAS MIRADAS PARA UNA CONVIVENCIA MÁS ARMÓNICA

Pablo-Cabrera-cuadradoGobernanza y diplomacia son claves para mejor entender el mundo global e interconectado que singulariza la modernidad. Mientras una se instala en la disciplina de las relaciones internacionales hace poco tiempo, la otra se ubica como su principal instrumento. Interactúan en una agenda de múltiples temas y actores diversos, que si bien abarcan ámbitos distintos, se alimentan mutuamente: la primera como nexo entre autoridad y sociedad y, la segunda, como actividad de información privilegiada en el manejo de los negocios externos del Estado. Este contrapunto concibe la diplomacia como un ejercicio formal y jerarquizado que conduce los vínculos del Estado con sus homólogos en conexión con los temas de soberanía, recursos naturales e integración física, principalmente. A la gobernanza, la sitúa como articuladora del interés nacional para generar políticas públicas desde la concertación social y en beneficio del bien común. El necesario acoplamiento de ambas, en el contexto de la mundialización, conlleva la obligación de innovar en la arquitectura institucional del sistema, motivando una fricción benévola entre las distintas disciplinas para dar valor agregado a los esfuerzos de paz, cooperación e integración.

Crear condiciones favorables para abordar una agenda global que no distingue, de manera nítida, el quehacer doméstico del externo, significa –en otras palabras- diseñar una estrategia de orden político/social que facilite transitar desde el consabido ¿qué se tiene? al sugerente ¿qué se sabe? y marcar así un punto de inflexión para sintonizar las miradas de las distintas cosmovisiones para la consecución de un esquema de convivencia más armónico. La dupla gobierno/sociedad aparece como aglutinadora de experiencias para asumir este nuevo paradigma, donde el sentido de la inmediatez resiente cualquier intermediación, conforme la magia de la virtualidad atiza interpelaciones instantáneas, directas e inquisitivas a los estados y las sociedades en general. Ciertamente, a medida que el hombre contemporáneo adquiere mayor autonomía y enfatiza un celo por la verdad, el cúmulo de información disponible lo lleva a sustentarse más en lo cotidiano y en el momento histórico que vive, evitando el pensamiento especulativo a la hora de formular cualquier curso de acción.

Yo te pregunto tú me respondes parece ser la norma imperante, acotando los espacios de reflexión. La gobernanza surge, entonces, como la entelequia idónea para encauzar el nuevo ciclo que perfila a la diplomacia en posición privilegiada para interpretar la partitura de una modernidad, que se expresa como "sociedad en red": lugar de diálogo e interacción virtual, además de termómetro para la medición de los intangibles y la percepción ambiental.

Este vehículo transnacional, denominado "poder inteligente", trae consigo un nuevo elenco de responsabilidades colectivas y da cauce a más participación democrática. Junto con afectar la convivencia y formas de relacionamiento de unos con otros, impacta a la burocracia de la administración estatal, al ámbito de las políticas públicas y a la manera de entender el ejercicio del poder. Se trata de un nuevo orden, que esboza los rasgos y magnitud de las correcciones que el sistema requiere. Su implementación habrá de hacerse con la diligencia debida y en el contexto de los énfasis temáticos del cambio epocal: la paz contemporánea, la política mundial humanista, y el diálogo entre culturas con una reflexión antropológica sobre su inconmensurabilidad para asumir su diversidad.

La sinergia entre gobernanza y diplomacia apunta a producir un giro estratégico en el tratamiento de la nueva agenda global que, siguiendo los trazos de la historia y mediante un lenguaje de espesor intelectual, otorgue alternativas válidas para leer el curso de los tiempos y el sentir del homo technologicus, cuya visibilidad aumenta considerablemente y donde las características del mensaje habrán de mutar desde lo estático y lineal hacia lo dinámico y comprehensivo. En consecuencia, la utilización de las redes modernas de socialización para conectar con una creciente masa de cibernautas que irrumpe en la historia presente, marca la diferencia para ubicarse en el nuevo escenario con una mirada asertiva para escudriñar asimetrías y comprender las prioridades de la sociedad de la información y el conocimiento del siglo XXI.

 

Por Pablo Cabrera,

Abogado de la Pontificia Universidad Católica, Investigador Colaborador CEIUC

 

Fuente: Señales del Cono Sur