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EVO Y SUS METAMORFOSIS

JE Cheyre cuadrEn octubre del 2014, recién reelecto por tercera vez para el mandato 2015-2020, que le permitirá  14 años ininterrumpidos de ejercicio total del poder en Bolivia, el Presidente Morales declaraba: “no planteamos la reforma Constitucional para 2020”; y agregaba que “quien  venga después de 2020 tiene que cumplir esta agenda patriótica, y por lo tanto no es necesario que Evo sea presidente hasta 2025”. Estas declaraciones despejaban su deseo de apostar a la reelección indefinida.  

El Mandatario ha cambiado de opinión. Actúa así al mismo tenor de líderes populistas en estados con un ejercicio discrecional del poder. Se aleja de los principios democráticos y olvida su compromiso. Hace pocos días afirmó que “el pueblo dirá si hay que modificar la Constitución”. Señaló que el cambio debe ser definido por los sectores sociales. Llamó a establecer si se le permitiría mantenerse por cinco, diez años o indefinidamente en el poder. La presidenta de los diputados, Gabriela Montaño, declaró que de inmediato se procedería a “obedecer el mandato del pueblo” y que van “a aprobar la ley sin dudar”. Se apuesta así a una reelección indefinida.

En Chile conocemos los procesos metamorfóseos del Presidente Morales. Su actuar errático alejado del respeto a compromisos lo hemos vivido. El 23 de marzo de 2011 afirmaba que las relaciones entre Chile y Bolivia eran muy buenas, destacando distintos hitos y estableciendo que privilegiaba el diálogo ante la confrontación. No pasarían 24 horas y en su discurso en el Día del Mar olvidó el diálogo y resolvió recurrir unilateralmente a tribunales internacionales. Su discurso estuvo plagado de una mañida interpretación de la historia entre nuestros países.   

Estos cambios de compromisos existentes y el poco valor que da el Mandatario boliviano  a normas que rigen en los estados los procesos de acceso y ejercicio del poder, como el desconocimiento de su país a tratados vigentes, son de la mayor gravedad. Nuestra región, y no solamente Chile, se ve afectada por señales que dañan la democracia de un país y comprometen la estabilidad que brinda el derecho internacional a la relación entre estados. Sin embargo, las instancias regionales que deberían preocuparse de los temas de gobernabilidad y respeto a las normas internacionales en estos asuntos demuestran indiferencia y se encuentran sujetas a intereses ideológicos que tienden a inmovilizarlas.

En el mismo momento en que se presenta la posibilidad de Morales de perpetuarse en el poder, una nueva señal no debería pasarnos inadvertida. Se trata de la reciente firma de un acuerdo entre Argentina y Bolivia para que este último país compre lanzacohetes, aviones caza y acciones tácticas modelo Pampa III, radares de usos militares y un sistema de cohetería a la nación trasandina. Un acuerdo de esta naturaleza pareciera que no se inscribe en la lógica de integración vecinal que nuestro país privilegia, pero que sus vecinos no siempre aquilatan ni corresponden.

Por lo anterior, para la política exterior de Chile resulta imperativo ampliar y densificar nuestra agenda internacional dándole contenidos con acuerdos e interlocutores de los países serios.

 Juan Emilio Cheyre Director - Centro de Estudios Internacionales

Fuente: La Tercera