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Definiciones sobre política exterior

La semana pasada, representantes de las candidaturas presidenciales asistieron a un foro sobre política exterior organizado por el Centro de Estudios Internacionales de la Universidad Católica. Hubo discrepancias, como era de prever, al momento de enjuiciar la crisis de la democracia en Venezuela. Sin embargo, hubo también sorprendentes coincidencias, considerando las diferencias ideológicas, respecto de temas como la continuidad de Chile en el Pacto de Bogotá; la necesidad de llegar a un acuerdo con Bolivia que no implique cesión territorial, o de preservar los vínculos con Estados Unidos más allá de la presencia de Donald Trump en la Casa Blanca.
No es evidente, sin embargo, que esta convergencia en las líneas generales de la política exterior se deba puramente a coincidencias estratégicas o ideológicas. Más bien parece que estos asuntos, que no suelen ser fuente de acopio electoral, han quedado también muy a la retaguardia de las preocupaciones de los candidatos. Y que, por lo mismo, preguntas que obligan a definiciones más concretas y precisas de política pública no tengan respuesta o ni siquiera hayan sido planteadas por los equipos de campaña. Algunas de las cuestiones planteadas recientemente por Jorge Sahd, académico del mencionado centro- y uno de los presentadores del foro- resulta pertinentes para delinear el curso de la política exterior del país en los próximos años.
Por ejemplo, la conveniencia de reorganizar la política comercial y de inversiones, hoy fragmentada en una multitud de agencias- dependientes tanto de la cancillería como de otros ministerios-, que se deben ordenar para que actúen de forma conjunta, coordinada y bajo la dependencia de una sola repartición, como una Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales activa y provista de los medios necesarios.
O, por otro lado, la decisión de impulsar la modernización del Ministerio de Relaciones Exteriores, cuyo proyecto de ley se tramita en el Senado. Sobre todo, la convicción de que esta modernización no debe responder a intereses particulares- ni del mundo político ni de los funcionarios diplomáticos-, sino a la necesidad de una institucionalidad capaz de asumir los desafíos de un mundo globalizado, tecnológicamente dinámico y especializado.
La necesidad de fortalecer la defensa chilena ante los tribunales internacionales, hoy dispersa en varias agencias; la mejora en la rendición de cuentas de nuestro servicio exterior, particularmente frente a la ciudadanía, o la posibilidad que tiene Chile de asumir un nuevo liderazgo regional a través de la cooperación en el ámbito de políticas públicas, como lo ha planteado el mismo investigador, son otras materias en las cuales parece necesario ofrecer nuevas perspectivas. La apuesta de Chile por el comercio exterior y la apertura internacional amerita mayor preocupación al respecto.

Fuente: La Segunda

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