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América Latina, atrapada en su laberinto

Hemos entrado en el último trimestre de 2019, momento propicio para tomarle el pulso a América Latina.

Los primeros meses del año confirmaron que estamos ante un periodo económicamente mediocre, socialmente crispado, electoralmente intenso, políticamente polarizado y crecientemente complejo en materia de gobernabilidad.

Para el doctor Daniel Zovatto, director Regional de IDEA Internacional para América Latina y el Caribe, la economía en la región es “decepcionante”.

En entrevista con López-Dóriga Digital, el doctor Zovatto explicó por qué le preocupa que la desaceleración económica no sea manejada de forma adecuada.

¿Cuál es su mirada del contexto global en la parte final del 2019?

En el terreno económico vemos señales de desaceleración del crecimiento económico que, de no manejarse adecuadamente, podría convertirse en una recesión. Según el FMI, consecuencia de la actual “descaleración sincronizada” que afecta al 90% de los países del planeta, tendremos a nivel global la menor tasa de crecimiento en una década; 2.6% de acuerdo con el BM, muy por debajo del 3.5% que se proyectó a inicios de este año. Según la OMC, el comercio internacional también está sufriendo una fuerte desaceleración debido, entre otros factores, a la guerra comercial entre los Estados Unidos y China y las dudas en Europa por el Brexit. A ello debemos agregar las crecientes tensiones geopolíticas en varias regiones del mundo. Todo ello trae como consecuencia un aumento de las tensiones, mayor incertidumbre y volatilidad.

¿Cómo está la economía en la región?

Decepcionante. El FMI ha vuelto a corregir a la baja su proyección de crecimiento económico regional: proyecta un anémico 0.6%, si bien con una diferencia importante entre las subregiones y entre los países. De las cuatro principales economías de la región, solo Colombia (la cuarta) crecerá por encima del 3%. Brasil y México lo harán por debajo del 1% y Argentina tendrá un crecimiento negativo de 2.5%. Centroamérica tendrá un crecimiento promedio entre el 3 y el 4%. Tres de los cuatro países miembros de la Alianza del Pacífico (Perú, Chile y Colombia), crecerán entre el 2.2% y el 3.8%. Chile crecerá 2.5%. Panamá, República Dominicana, Bolivia y Paraguay tendrán las tasas de crecimiento más altas de la región: entre el 4 y el 6%. Venezuela volverá a sufrir una fuerte caída de su PIB agravado por una hiperinflación. La economía de Nicaragua -consecuencia de la crisis política que vive el país- también se contraerá.

America Latina cierra así otra década decepcionante. Inició en 2010 creciendo al 6% y llena de promesas. Ese año, el presidente del BID, Luis Alberto Moreno. publicó un articulo en el Financial Times bajo el título “Bienvenidos a la década de América Latina”. Este optimismo no se concretó. La región tuvo durante toda la década un crecimiento promedio de solo 2.2%, y cierra este año con un mediocre 0.6%.

Como vemos, con esta anémica tasa de crecimiento económico promedio regional que representa apenas la cuarta parte del crecimiento global y un décimo de la de China e India, la región continúa perdiendo peso en la economía mundial.

¿Cómo ve la región en términos políticos?

La coyuntura política latinoamericana no da tiempo para el aburrimiento, en un año marcado por aniversarios de todo tipo: el cuadragésimo aniversario del inicio de la Tercera Ola Democrática en nuestra región; 60 años del inicio de la revolución cubana, 40 años de la revolución Sandinista y 20 años de la revolución chavista.

El actual contexto político-electoral latinoamericano se caracteriza por un alto nivel de incertidumbre, volatilidad, polarización y tendencias populistas. Además de las graves crisis venezolana y nicaragüense (que parecieran no encontrar, de momento, una salida democrática y pacífica), hay que poner foco en la compleja situación que afecta a los países del Triangulo Norte, en especial, los altos niveles de criminalidad, corrupción e impunidad, la marcada debilidad institucional, la penetración creciente del narcotráfico y del crimen organizado, y la constante presión y extorsión del presidente Trump sobre el tema migratorio, y un largo etcétera. A lo anterior, debemos sumarle el complicado arranque de las presidencias de Jair Bolsonaro en Brasil, Andrés Manuel López Obrador en México e Iván Duque en Colombia; la controversial disolución del Congreso en Perú y la convocatoria a nuevas elecciones parlamentarias para el 26 de enero de 2020 hecha por el presidente Martín Vizcarra; la tensión política en Ecuador que llevó a Lenín Moreno a decretar el estado de excepción; la compleja situación económica, social y política que atraviesa Argentina de cara a sus elecciones presidenciales del 27 de octubre; y la decisión del exnúmero dos de las FARC (Iván Márquez) de retomar las armas, amenazando de este modo el frágil proceso de paz en Colombia, unido al aumento de la tensión en la frontera colombo-venezolana. Únicamente Uruguay y Chile parecieran ser los dos “oasis” en esta convulsa coyuntura regional.

Los indicadores de cultura política traen, asimismo, malas noticias. Todas las encuestas regionales ponen de manifiesto el sentimiento de malestar con la política y de fatiga democrática que recorre a América Latina justo cuando se celebran los 40 años del inicio de la Tercera Ola democrática (1978-1979). Los datos de la reciente encuesta Barómetro de las Américas (octubre de 2019) muestran que el apoyo a la democracia ha caído 10 puntos, pasando del 67.6 por ciento (2004) al 57.7 por ciento (2019), registrando así el porcentaje mas bajo desde que se inició esta medición hace 15 años.

¿Cómo observa el panorama social de la región?

Obviamente estos niveles mediocres de crecimiento económico han repercutido negativamente en el ámbito social; una tendencia adversa que arrancó en 2015 y que se mantiene a la fecha.

Según el informe Panorama Social 2018 (CEPAL), la pobreza, promedio regional, se mantiene estancada ligeramente por encima del 30%, pero con un preocupante crecimiento de la pobreza extrema (10.2%); el nivel más alto de la última década.

La desiguldad, por su parte, ha experimentado una reducción, pasando del 0.543 en 2002 al 0.4666 en 2017. Empero, esta buena noticia viene acompañada de una mala: el ritmo de disminución de la desigualdad se ha venido desacelerando fuertemente en los últimos años. Las noticias tampoco son buenas en el ámbito del empleo, donde al alto nivel de informalidad y al hecho de que el salario del 40% de trabajadores (sobre todo mujeres, jóvenes y mayores) tiene un ingreso que está por debajo del mínimo legal, hay que sumarle los desafíos mayúsculos que plantea la cuarta revolución industrial.

¿Cuáles son las tendencias de la intensa maratón electoral que vive la región durante 2019?

Las tres elecciones centroamericanas (El Salvador, Panamá y Guatemala) que tuvieron lugar entre marzo y agosto se caracterizaron por un voto de castigo en contra de los oficialismos, alternancia en todas ellas y heterogeneidad ideológica.

Y en las tres elecciones sudamericanas de este mes de octubre (Bolivia, Argentina y Uruguay) lo que predomina es la incertidumbre y la polarización.

En Bolivia, el domingo 20, Evo hará todo lo que haga falta para conquistar su cuarto mandato consecutivo en unas elecciones muy cuestionadas por los sectores de oposición y en la que todos los escenarios siguen abiertos. Evo lidera todos los sondeos, pero no está claro si podrá ganar en primera vuelta o si deberá competir en un balotaje con el expresidente Carlos Mesa, quien actualmente ocupa el segundo lugar en todas las encuestas.

En Argentina, el difícil contexto socio-económico y la fuerte derrota sufrida durante las PASO (primarias abiertas, simultáneas y obligatorias) complican la reelección de Macri y colocan a Alberto Fernández (quien lleva a Cristina Fernández de Kirchner como su candidata a la Vicepresidencia) como el favorito para ganar las elecciones del 27 de octubre en primera vuelta.

Finalmente, en Uruguay, el Frente Amplio buscará el domingo 27 mantenerse en el poder por un cuarto mandato consecutivo; objetivo que según la mayoría de las encuestas el candidato del partido Blanco, Luis Alberto la Calle Pou, tiene posibilidades de frustrar sobre todo si, como anticipan la mayoría de los sondeos, el candidato oficialista, Daniel Martínez, no logra ganar la Presidencia en la primera vuelta.

¿Estamos ante un cambio de ciclo político en la región?

Antes de responder esta pregunta es aconsejable esperar los resultados de los tres procesos presidenciales sudamericanos que están aún pendientes ya que ellos serán determinantes para definir las características y tendencias de la reconfiguración del mapa político regional.

¿La derrota de Macri, de tener lugar, estaría anticipando el retorno de gobiernos de izquierda o centro izquierda y el fin del ciclo político de derecha y centroderecha y de políticas pro mercado que el mismo Macri inauguró con su triunfo de 2015 en Sudamérica?

No necesariamente. En mi opinión lo que estamos viendo, sobre todo en América del Sur, es un mayor nivel de volatilidad y voto castigo a los oficialismos y, por consiguiente, la sustitución de los ciclos largos de gobierno de las décadas pasadas, por el de ciclos más cortos debido al fuerte y rápido desgaste que afecta actualmente a los mandatarios (tanto de derecha como de izquierda) al tener estos que gobernar en contextos crecientemente complejos y difíciles y, en la mayoría de los casos, sin contar con mayoría propia en los Congresos.

Por ello, más que el inicio de un nuevo ciclo político de clara definición ideológica vinculado al eje derecha-izquierda, lo que observo es una tendencia favorable a un voto de castigo a los oficialismos y a una mayor alternancia y heterogeneidad ideológica. En efecto, en 7 de las 12 elecciones ya celebradas del súperciclo (2017-2019) ganó la oposición; solo en tres países hubo continuidad oficialistas (Ecuador, Costa Rica y Paraguay), y en otros dos (Honduras y Venezuela) el triunfo del oficialismo fue forzado mediante procesos electorales caracterizados por altos niveles de irregularidades que le restaron legitimidad de origen a los mandatarios reelectos (Juan Orlando Hernández y Nicolás Maduro, respectivamente).

¿Qué deben hacer los gobernantes de cara a este complejo y desafiante escenario regional?

En esta nueva coyuntura regional caracterizada por malestar con la políticamente y fatiga democrática, crecimiento económico mediocre, creciente crispación social, gobernabilidad compleja y tendencias populistas, los nuevos mandatarios deben concentrar su energía en recuperar la confianza ciudadana, aprender a gobernar en un contexto de alta complejidad, incertidumbre y volatilidad, y producir resultados rápidamente para dar respuesta a las altas expectativas y demandas ciudadanas.

Caso contrario, como ya observamos en varios países de la región (las recientes crisis en Perú y en Ecuador son un ejemplo de ello), la frustración ciudadana podría generar malestar social, provocar una acelerada pérdida de apoyo popular y gatillar graves crisis de gobernabilidad.

A continuación puede ver la entrevista que realizó Joaquín López-Dóriga al doctor Daniel Zovatto el pasado 4 de octubre en Radio Fórmula.

 

Fuente: López-Dóriga Digital

Hemos entrado en el último trimestre de 2019, momento propicio para tomarle el pulso a América Latina.

Los primeros meses del año confirmaron que estamos ante un periodo económicamente mediocre, socialmente crispado, electoralmente intenso, políticamente polarizado y crecientemente complejo en materia de gobernabilidad.

Para el doctor Daniel Zovatto, director Regional de IDEA Internacional para América Latina y el Caribe, la economía en la región es “decepcionante”.

En entrevista con López-Dóriga Digital, el doctor Zovatto explicó por qué le preocupa que la desaceleración económica no sea manejada de forma adecuada.

¿Cuál es su mirada del contexto global en la parte final del 2019?

En el terreno económico vemos señales de desaceleración del crecimiento económico que, de no manejarse adecuadamente, podría convertirse en una recesión. Según el FMI, consecuencia de la actual “descaleración sincronizada” que afecta al 90% de los países del planeta, tendremos a nivel global la menor tasa de crecimiento en una década; 2.6% de acuerdo con el BM, muy por debajo del 3.5% que se proyectó a inicios de este año. Según la OMC, el comercio internacional también está sufriendo una fuerte desaceleración debido, entre otros factores, a la guerra comercial entre los Estados Unidos y China y las dudas en Europa por el Brexit. A ello debemos agregar las crecientes tensiones geopolíticas en varias regiones del mundo. Todo ello trae como consecuencia un aumento de las tensiones, mayor incertidumbre y volatilidad.

¿Cómo está la economía en la región?

Decepcionante. El FMI ha vuelto a corregir a la baja su proyección de crecimiento económico regional: proyecta un anémico 0.6%, si bien con una diferencia importante entre las subregiones y entre los países. De las cuatro principales economías de la región, solo Colombia (la cuarta) crecerá por encima del 3%. Brasil y México lo harán por debajo del 1% y Argentina tendrá un crecimiento negativo de 2.5%. Centroamérica tendrá un crecimiento promedio entre el 3 y el 4%. Tres de los cuatro países miembros de la Alianza del Pacífico (Perú, Chile y Colombia), crecerán entre el 2.2% y el 3.8%. Chile crecerá 2.5%. Panamá, República Dominicana, Bolivia y Paraguay tendrán las tasas de crecimiento más altas de la región: entre el 4 y el 6%. Venezuela volverá a sufrir una fuerte caída de su PIB agravado por una hiperinflación. La economía de Nicaragua -consecuencia de la crisis política que vive el país- también se contraerá.

America Latina cierra así otra década decepcionante. Inició en 2010 creciendo al 6% y llena de promesas. Ese año, el presidente del BID, Luis Alberto Moreno. publicó un articulo en el Financial Times bajo el título “Bienvenidos a la década de América Latina”. Este optimismo no se concretó. La región tuvo durante toda la década un crecimiento promedio de solo 2.2%, y cierra este año con un mediocre 0.6%.
Como vemos, con esta anémica tasa de crecimiento económico promedio regional que representa apenas la cuarta parte del crecimiento global y un décimo de la de China e India, la región continúa perdiendo peso en la economía mundial.

¿Cómo ve la región en términos políticos?

La coyuntura política latinoamericana no da tiempo para el aburrimiento, en un año marcado por aniversarios de todo tipo: el cuadragésimo aniversario del inicio de la Tercera Ola Democrática en nuestra región; 60 años del inicio de la revolución cubana, 40 años de la revolución Sandinista y 20 años de la revolución chavista.

El actual contexto político-electoral latinoamericano se caracteriza por un alto nivel de incertidumbre, volatilidad, polarización y tendencias populistas. Además de las graves crisis venezolana y nicaragüense (que parecieran no encontrar, de momento, una salida democrática y pacífica), hay que poner foco en la compleja situación que afecta a los países del Triangulo Norte, en especial, los altos niveles de criminalidad, corrupción e impunidad, la marcada debilidad institucional, la penetración creciente del narcotráfico y del crimen organizado, y la constante presión y extorsión del presidente Trump sobre el tema migratorio, y un largo etcétera. A lo anterior, debemos sumarle el complicado arranque de las presidencias de Jair Bolsonaro en Brasil, Andrés Manuel López Obrador en México e Iván Duque en Colombia; la controversial disolución del Congreso en Perú y la convocatoria a nuevas elecciones parlamentarias para el 26 de enero de 2020 hecha por el presidente Martín Vizcarra; la tensión política en Ecuador que llevó a Lenín Moreno a decretar el estado de excepción; la compleja situación económica, social y política que atraviesa Argentina de cara a sus elecciones presidenciales del 27 de octubre; y la decisión del exnúmero dos de las FARC (Iván Márquez) de retomar las armas, amenazando de este modo el frágil proceso de paz en Colombia, unido al aumento de la tensión en la frontera colombo-venezolana. Únicamente Uruguay y Chile parecieran ser los dos “oasis” en esta convulsa coyuntura regional.

Los indicadores de cultura política traen, asimismo, malas noticias. Todas las encuestas regionales ponen de manifiesto el sentimiento de malestar con la política y de fatiga democrática que recorre a América Latina justo cuando se celebran los 40 años del inicio de la Tercera Ola democrática (1978-1979). Los datos de la reciente encuesta Barómetro de las Américas (octubre de 2019) muestran que el apoyo a la democracia ha caído 10 puntos, pasando del 67.6 por ciento (2004) al 57.7 por ciento (2019), registrando así el porcentaje mas bajo desde que se inició esta medición hace 15 años.

¿Cómo observa el panorama social de la región?

Obviamente estos niveles mediocres de crecimiento económico han repercutido negativamente en el ámbito social; una tendencia adversa que arrancó en 2015 y que se mantiene a la fecha.

Según el informe Panorama Social 2018 (CEPAL), la pobreza, promedio regional, se mantiene estancada ligeramente por encima del 30%, pero con un preocupante crecimiento de la pobreza extrema (10.2%); el nivel más alto de la última década.

La desiguldad, por su parte, ha experimentado una reducción, pasando del 0.543 en 2002 al 0.4666 en 2017. Empero, esta buena noticia viene acompañada de una mala: el ritmo de disminución de la desigualdad se ha venido desacelerando fuertemente en los últimos años. Las noticias tampoco son buenas en el ámbito del empleo, donde al alto nivel de informalidad y al hecho de que el salario del 40% de trabajadores (sobre todo mujeres, jóvenes y mayores) tiene un ingreso que está por debajo del mínimo legal, hay que sumarle los desafíos mayúsculos que plantea la cuarta revolución industrial.

¿Cuáles son las tendencias de la intensa maratón electoral que vive la región durante 2019?

Las tres elecciones centroamericanas (El Salvador, Panamá y Guatemala) que tuvieron lugar entre marzo y agosto se caracterizaron por un voto de castigo en contra de los oficialismos, alternancia en todas ellas y heterogeneidad ideológica.

Y en las tres elecciones sudamericanas de este mes de octubre (Bolivia, Argentina y Uruguay) lo que predomina es la incertidumbre y la polarización.

En Bolivia, el domingo 20, Evo hará todo lo que haga falta para conquistar su cuarto mandato consecutivo en unas elecciones muy cuestionadas por los sectores de oposición y en la que todos los escenarios siguen abiertos. Evo lidera todos los sondeos, pero no está claro si podrá ganar en primera vuelta o si deberá competir en un balotaje con el expresidente Carlos Mesa, quien actualmente ocupa el segundo lugar en todas las encuestas.

En Argentina, el difícil contexto socio-económico y la fuerte derrota sufrida durante las PASO (primarias abiertas, simultáneas y obligatorias) complican la reelección de Macri y colocan a Alberto Fernández (quien lleva a Cristina Fernández de Kirchner como su candidata a la Vicepresidencia) como el favorito para ganar las elecciones del 27 de octubre en primera vuelta.

Finalmente, en Uruguay, el Frente Amplio buscará el domingo 27 mantenerse en el poder por un cuarto mandato consecutivo; objetivo que según la mayoría de las encuestas el candidato del partido Blanco, Luis Alberto la Calle Pou, tiene posibilidades de frustrar sobre todo si, como anticipan la mayoría de los sondeos, el candidato oficialista, Daniel Martínez, no logra ganar la Presidencia en la primera vuelta.

¿Estamos ante un cambio de ciclo político en la región?

Antes de responder esta pregunta es aconsejable esperar los resultados de los tres procesos presidenciales sudamericanos que están aún pendientes ya que ellos serán determinantes para definir las características y tendencias de la reconfiguración del mapa político regional.

¿La derrota de Macri, de tener lugar, estaría anticipando el retorno de gobiernos de izquierda o centro izquierda y el fin del ciclo político de derecha y centroderecha y de políticas pro mercado que el mismo Macri inauguró con su triunfo de 2015 en Sudamérica?

No necesariamente. En mi opinión lo que estamos viendo, sobre todo en América del Sur, es un mayor nivel de volatilidad y voto castigo a los oficialismos y, por consiguiente, la sustitución de los ciclos largos de gobierno de las décadas pasadas, por el de ciclos más cortos debido al fuerte y rápido desgaste que afecta actualmente a los mandatarios (tanto de derecha como de izquierda) al tener estos que gobernar en contextos crecientemente complejos y difíciles y, en la mayoría de los casos, sin contar con mayoría propia en los Congresos.

Por ello, más que el inicio de un nuevo ciclo político de clara definición ideológica vinculado al eje derecha-izquierda, lo que observo es una tendencia favorable a un voto de castigo a los oficialismos y a una mayor alternancia y heterogeneidad ideológica. En efecto, en 7 de las 12 elecciones ya celebradas del súperciclo (2017-2019) ganó la oposición; solo en tres países hubo continuidad oficialistas (Ecuador, Costa Rica y Paraguay), y en otros dos (Honduras y Venezuela) el triunfo del oficialismo fue forzado mediante procesos electorales caracterizados por altos niveles de irregularidades que le restaron legitimidad de origen a los mandatarios reelectos (Juan Orlando Hernández y Nicolás Maduro, respectivamente).

¿Qué deben hacer los gobernantes de cara a este complejo y desafiante escenario regional?

En esta nueva coyuntura regional caracterizada por malestar con la políticamente y fatiga democrática, crecimiento económico mediocre, creciente crispación social, gobernabilidad compleja y tendencias populistas, los nuevos mandatarios deben concentrar su energía en recuperar la confianza ciudadana, aprender a gobernar en un contexto de alta complejidad, incertidumbre y volatilidad, y producir resultados rápidamente para dar respuesta a las altas expectativas y demandas ciudadanas.
Caso contrario, como ya observamos en varios países de la región (las recientes crisis en Perú y en Ecuador son un ejemplo de ello), la frustración ciudadana podría generar malestar social, provocar una acelerada pérdida de apoyo popular y gatillar graves crisis de gobernabilidad.

A continuación puede ver la entrevista que realizó Joaquín López-Dóriga al doctor Daniel Zovatto el pasado 4 de octubre en Radio Fórmula.