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Lo que no vio venir el dormido sistema de promoción del país

De esta lamentable coyuntura costará recuperarse porque mezcla muchas cosas y contextos, cuya responsabilidad escapa en lo general a un gobierno específico. Lo que ha sucedido ahora en Chile incluye, conjuntamente, la dimensión política, económica y social del sistema en su totalidad. Basta recordar como referencia que el colapso global del 2008 fue principalmente de índole económica con derivaciones, por cierto, a todas las áreas del cual aún no se sale bien. Pero una vez más, nosotros los chilenos, somos expresión adelantada o “laboratorio” de lo que puede todavía ocurrir a nivel planetario a partir de una interacción más abarcadora de elementos generadores de crisis.

La cancelación de las Cumbres, aunque se veían venir, es un fuerte golpe a la imagen de Chile más que al Presidente o la política exterior como algunos ya han señalado con soltura para sacar provecho político.

Pero más allá de ello, esto pone de relieve cuán dormido estaban los sistemas de promoción del país en cuanto a exhibirlo. Desde hace tiempo se venían presentando como inmune a emergencias políticas o sociales, creyendo desde las máximas autoridades para abajo que era un “oasis”.

Otros - mayoritariamente hoy en la oposición- se ufanaban en destacarlo como ejemplo de sólida institucionalidad y “always surprising”. Cabe agregar al cuadro el déficit de inteligencia militar y policial que se ha advertido, además de diplomática desde luego.

De esta lamentable coyuntura costará recuperarse porque mezcla muchas cosas y contextos, cuya responsabilidad escapa en lo general a un gobierno específico.

El mundo está muy interconectado y dinámico. No existe siquiera un diagnóstico común respecto del aterrizaje que tendrá esta galopante y devoradora Globalización.

Lo que ha sucedido ahora en Chile incluye, conjuntamente, la dimensión política, económica y social del sistema en su totalidad. Basta recordar como referencia que el colapso global del 2008 fue principalmente de índole económica con derivaciones, por cierto, a todas las áreas del cual aún no se sale bien.

Una vez más, nosotros los chilenos, somos expresión adelantada o “laboratorio” de lo que puede todavía ocurrir a nivel planetario a partir de una interacción más abarcadora de elementos generadores de crisis.

Antes - en nuestro caso- existían instituciones que canalizaban el malestar y/o lo matizaban o aplacaban ( Parlamento, iglesia y familia por citar las más tradicionales), hoy sus capacidades de intermediación están por el suelo.

De ahí que las evaluaciones han de ser prudentes con el objeto de no atizar más la hoguera de desafectos, frustraciones y también de vanidades, que solo traen retardo y debilitan la capacidad de las instituciones para conducir el proceso político.

Fuente: El Mostrador