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Una década de promesas incumplidas

Daniel Zovatto explica que una parte sustancial en el estallido social de América Latina obedece al desencanto con la democracia, que no ha respondido a las necesidades populares.

En el 2019 termina una década perdida para América Latina, según Daniel Zovatto, quien asegura que mucha culpa la tienen las promesas políticas incumplidas. A esto, el experto en temas de la región le agrega que existe una generación que cree cada vez menos en el sistema democrático, por los escasos beneficios que para ella representa, situación que detonó en protestas sociales en Chile, por ejemplo.

¿Cómo analiza la situación de América Latina?

En el 2019 está pasando, literalmente, de todo. Si lo tuviéramos que caracterizar diríamos que es un año económicamente con un crecimiento anémico. En el mejor de los casos, la región va a crecer 0.2, 0.3, como lo está diciendo el Fondo Monetario Internacional; 0.5, como dice la Cepal, incluso puede llegar a estar en 0. Es un año muy importante porque está cerrando la década del 2010, que comenzó con una gran promesa de ser la “Década de América Latina”. Ahora vemos que toda fue una ilusión de promesas incumplidas, pues el crecimiento económico, en promedio, se ha venido desacelerando.

Y en lo social, ¿cómo ve a la región?

Tremendamente crispada. Estamos viendo que no se acaba de apagar un fuego en Ecuador y se prendió en Chile, no se termina de apagar el de Chile y comienza en Bolivia, y así podemos recorrer el continente y vemos que los países están enfrentando mucha convulsión social, incluida Centroamérica, como el caso de Honduras. Existe una gobernabilidad crecientemente compleja, presidentes que están tomando decisiones frente a escenarios económicos complicados, en el cual quieren aplicar medidas de mayor austeridad económica y después tienen que revertirlas por las protestas sociales, utilizando muchas veces, como lo hemos visto en Ecuador y Chile, el apoyo de las fuerzas armadas para restablecer el orden, con todo el peligro que eso significa.

¿Lo anterior repercute en las crisis políticas que vive el continente?

Hay un sentimiento de indignación por la política tradicional con las élites y un discurso antisistema y antiélite. Los indicadores de la reciente encuesta del Latinobarómetro muestran que a nivel promedio regional hay una fatiga democrática que sigue cayendo. La insatisfacción con la democracia se está disparando. Tenemos un problema de institucionalidad, un estado de Derecho muy débil que complica la gobernabilidad, porque claramente se determina que los partidos políticos, los parlamentos y la justicia son las instituciones que gozan de los niveles más bajos de legitimidad y de apoyo ciudadano. A ese coctel le podemos sumar altos niveles de corrupción, de inseguridad ciudadana —América Latina, con solo el 8 por ciento de la población mundial, tiene el 35 por ciento de los homicidios del mundo— y la sensación de impunidad frente a la lucha contra la corrupción, lo cual genera un caldo de cultivo que está poniendo en jaque a muchos de los presidentes y les está generando mucha conflictividad social.

¿Qué provoca estas posiciones y actitudes?

El bajo nivel de crecimiento económico, incluso en países donde este ha sido importante; los altos niveles de desigualdad y los salarios insuficientes de la clase media, que siente que sus ingresos no le permiten tener un nivel adecuado de vida, porque los precios de los servicios públicos son altos. Al final tienen que terminar endeudándose para complementar esos bajos salarios, tener una vivienda digna y una educación y salud de calidad. Cuando la población ve la distancia que hay entre la ciudadanía y los partidos políticos y las élites económicas, preocupados únicamente en satisfacer sus necesidades y no los intereses del pueblo. Todo eso genera descontento en una ciudadanía que claramente ha cambiado porque es mayormente urbana y está muy conectada en las redes sociales, que, obviamente, potencian y agudizan el descontento. Es una población más joven, educada, empoderada de sus derechos y exigente respecto de sus demandas, lo cual está poniendo en jaque a las instituciones de la democracia y a los gobernantes.

¿Qué se puede esperar de aquí a fin de año?

Termina una década que comenzó con mucho optimismo y concluye con promesas incumplidas, es una década que América Latina desaprovechó. También se conmemora la cuarta década del inicio de la tercera ola democrática de la región, que empezó entre 1978 y 1979. Se concluye el súper ciclo electoral que viene del 2017, en el cual 15 de los 18 países de la región celebraron o van a celebrar sus elecciones presidenciales.

Fuente: Zovatto.com