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Solidaridad en tiempos dificiles

Chile como la mayoría de los países, enfrenta una de las mayores pandemias del último siglo. La canciller alemana Ángela Merkel ha expresado que se trata del desafío más grande que ha tenido que enfrentar su país desde la Segunda Guerra Mundial. Nosotros en nuestro país debemos asumir ese desafío, con la máxima unidad y solidaridad.

Los días recientes hemos visto acciones descoordinadas en las que diversos alcaldes compiten por los anuncios más diversos, y también hemos oído declaraciones altisonantes de autoridades que no han ayudado a un trabajo conjunto. Necesitamos una acción colectiva coordinada entre todos los actores, fundada en criterios científicos y bajo la conducción central del gobierno. Afortunadamente el domingo pasado se constituyó la mesa social Covid-19 que reúne a autoridades de gobierno con distintos actores con competencias en la materia, por lo que esperamos el despliegue de una estrategia coordinada, confiable y muy transparente que pueda enfrentar las difíciles semanas que se avecinan.

El gobierno decretó en todo el territorio nacional el estado de excepción constitucional de catástrofe, que habilita al presidente de la República para restringir las libertades de locomoción y de reunión. También lo faculta para disponer requisiciones de bienes, establecer limitaciones al ejercicio del derecho de propiedad y adoptar todas las medidas extraordinarias de carácter administrativo que sean necesarias para el pronto establecimiento de la normalidad en la zona afectada.

También se han venido adoptando diversas medidas por parte de la autoridad sanitaria para contener la expansión del virus y evitar que colapse el sistema de salud. Debe existir una adecuada coordinación con la autoridad sanitaria para que todos rememos en la misma dirección. De esta crisis solo saldremos con unidad y solidaridad.

Ello significa no pensar únicamente en nosotros mismos, sino que en los demás. El coronavirus requiere de que desarrollemos el autocuidado y seamos responsables. Si se nos pide quedarnos en casa, hagámoslo y no aprovechemos, como lo han hecho algunos, de salir de vacaciones y pasear por las calles y parques. En eso se prueba nuestro sentido de responsabilidad y conciencia social. También pensemos en los ancianos y en la población más vulnerable que constituye el núcleo de riesgo mayor de esta crisis. La distancia social que es indispensable para evitar el contagio y cuidarnos no se puede transformar en indiferencia.

Esta crisis tendrá repercusiones económicas evidentes que también tendremos que enfrentar solidariamente y con espíritu de comunidad. Proteger el empleo y las condiciones de vida durante la crisis, para que luego se pueda recobrar el dinamismo y el crecimiento en beneficio de las empresas y sus trabajadores resulta esencial. El costo social de esta crisis no lo pueden pagar los más vulnerables.

De esta crisis nadie se salvará solo, solo unidos, con espíritu comunitario y con solidaridad podremos salir adelante.