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Coronavirus y UE: In varietate concordia

¿Cuántas citas con la historia se puede perder antes de perder su razón de ser? Tras una gestión controvertida y cuestionable de la crisis de la deuda griega en el 2009, la crisis de los migrantes en 2015, la de Brexit, la crisis del Coronavirus parece ser el último reto para los 27. La crisis del virus corona - COVID 19, ha hecho reaparecer la división entre los países del norte, como Alemania y los Países Bajos y los del sur, como Italia, España o incluso Francia, acusados de laxitud fiscal. Estas divergencias, fueron una de las razones de la crisis de la deuda de la zona del euro en 2010. Parece que no se han aprendido las lecciones de esta crisis, que casi causó la implosión de la UE. Diez años más tarde, los dirigentes de los Veintisiete están más preocupados por sus opiniones públicas que por la "in varietate concordia". Los Estados se han convertido una vez más en los principales actores de la gestión de crisis, lo que plantea interrogantes sobre el futuro de la UE y sus instituciones. ¿Pero la UE está realmente muerta? 

Cuando aparecieron los primeros casos de COVID 19 en el Viejo Continente, la Comisión Europea y los Estados Miembros fueron sorprendidos con la guardia baja, tanto en su evaluación de la escala del problema, como de los medios disponibles. Así es como se tomaron soluciones de emergencia, aunque las fronteras parecían ser la antítesis del proyecto original de la UE, han resurgido como la primera y mejor solución de emergencia contra el COVID 19.  La libre circulación de personas dentro del espacio Schengen fue suspendida de facto por iniciativa de los países miembros, y los Estados han vuelto a ser los principales actores de las relaciones internacionales, con las organizaciones supranacionales cada vez más relegadas. 

El caso italiano es el más convincente. A principios de marzo, cuando Italia pidió ayuda a Francia y Alemania, estos países no pudieron responder positivamente, debido al pánico ante lo desconocido. Los gobiernos no se atrevieron a tomar la iniciativa de dotar a Italia de los medios, de los que se les podría haber culpado más tarde si el equipo hubiera faltado en su país. Como Italia no podía contar con la solidaridad europea, aceptó ayuda de fuera de Europa. Rusia envió nueve aviones y 100 soldados y especialistas, China envió seis médicos y varias toneladas de ayuda médica. También podemos destacar a los 52 médicos cubanos, que estarán desplegados por lo menos tres meses en Italia y que trabajarán junto a sus homólogos chinos e italianos en el nuevo hospital de Bérgamo. Estos médicos son ricos en su lucha contra la epidemia del Ébola en África.
Esta situación, socava la idea de una Europa soberana y poderosa. Es sorprendente y arriesgado ver que la Unión Europea pierde interés en lo que sucede en sus vecinos inmediatos, y deja que terceros como China, Rusia y Turquía desplieguen su influencia.

Las diferencias entre los Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea se hicieron aún más profundas en una reunión del Consejo Europeo celebrada el 26 de marzo. Alemania, Austria, Finlandia y los Países Bajos, se opusieron a una iniciativa conjunta de recaudación de fondos, mediante la creación de un instrumento financiero que beneficie a todos los Estados Miembros, especialmente a los países más endeudados. Negarse a aceptar un instrumento común y preferir la competencia en detrimento de ciertos Estados, es una clara indicación del espíritu de la Unión Europea. Esto ha sido deplorado por algunos políticos. El Presidente de la República Italiana, Sergio Mattarella, declaró el 12 de marzo que "De la Unión Europea esperamos ayuda, no obstáculos" simbolizados por el hecho de que el 88% de los italianos creen que la Unión Europea no ayuda a Italia ante el coronavirus.

La llamada de atención europea se produjo el 19 de marzo, con la creación de una reserva de equipo médico (mascarillas y respiradores) financiada en un 90% por la Comisión Europea, y el 10% restante a cargo de los países que acogen estas reservas. Conscientes de que sólo juntos podemos ser fuertes, en uno de los últimos Consejos Europeos se planteó la necesidad de dar una respuesta sanitaria coordinada, con licitaciones conjuntas de equipos médicos, presupuestos europeos de investigación, etc. Este es un desarrollo interesante, ya que permite comprar más equipo médico en los mercados internacionales a un costo menor. Otros planes de solidaridad fueron elaborados, con el mas prometedor plan de ayuda de 500.000 millones de euros, para apoyar la economía europea.
La solidaridad europea, también se refleja en la distribución de los pacientes de COVID 19. Los Länder alemanes acogieron a pacientes franceses e italianos a petición de la Comisión Europea. Siete pacientes de cuidados intensivos de Mulhouse, Francia, fueron trasladados a Luxemburgo, donde están siendo atendidos.
Desde el comienzo del brote, se ha repatriado a más de 4.020 ciudadanos de la UE varados en el extranjero en 25 vuelos de repatriación facilitados y cofinanciados por el Mecanismo de Protección Civil de la UE. El 30% de los pasajeros repatriados, eran ciudadanos de la UE de nacionalidad distinta a la del país que organizaba el vuelo de repatriación.

La Unión Europea echó de menos el comienzo de la crisis sanitaria, donde apareció el amargo sentimiento de falta de solidaridad, la victoria del "sálvese quien pueda" en la gestión de los riesgos, y los miedos y las emociones. A diferencia de otras crisis, la crisis del COVID 19 afecta a todos los países. Como dijo Giuseppe Conte: "La solidaridad debe ser la tinta con la que escribimos esta página de la historia. Tiene la oportunidad de ponerse al día y de ser no sólo relevante, sino sobre todo indispensable en el rescate de las economías europeas necesarias durante y especialmente después del desastre sanitario”.