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Colombia, color de esperanza

La contingencia mundial por los efectos de la pandemia del covid-19 ha venido a empañar la celebración del día nacional de muchos países en estas fechas, incluso el caso de Colombia. Sin embargo, debe ser una fecha de profunda reflexión como nación, que permita reencontrarse con la historia, y recordar a los próceres de la patria. Este ejercicio de reflexión debe inspirar la construcción de los valores y principios sobre los cuales proyectarán las siguientes décadas.

La pandemia del coronavirus ha develado falencias en el modelo de desarrollo de la mayoría de países de la región, sumando a cambios globales que tienen impacto local y los cuales se venían gestando previo a la crisis sanitaria. La revista Politics Affairs Latinoamérica (López), mencionaba algunos fenómenos, tales como las tensiones comerciales entre las dos primeras potencias del mundo, Estados Unidos y China (más proteccionismo); las protestas sociales en varios países de la región; las olas de migración de centroamericanos tratando de llegar a Estados Unidos; la diáspora venezolana que impacta en la región, y de manera particular a Colombia por ser país limítrofe; los cambios a la Ley de Seguridad en Hong Kong, lo que tendrá repercusiones en las inversiones en China; y las amenazas al cambio climático. Adicional a los fenómenos descritos, existe una pérdida del multilateralismo como mecanismo para plantear soluciones a los principales problemas globales.

Bajo este escenario, Colombia enfrenta, al igual que sus países vecinos, grandes desafíos de corto y largo plazo. El foco actual está en los esfuerzos para atender la crisis sanitaria, económica y financiera que agobia a los colombianos. Sin embargo, en paralelo, existe la necesidad de trabajar en conjunto con todas las fuerzas vivas de la sociedad para repensar el país que se quiere.

Este ejercicio de futuro requiere generosidad, apertura, capacidad de diálogo, y participación de nuevos actores que integren las nuevas demandas sociales. Esta es una tarea titánica, porque son muchos los paradigmas que están siendo derribados y aparecen retos para los cuales el país no está preparado.

La integración regional se vuelve un factor clave para evitar las asimetrías de poder, en el contexto global. Actuar de manera conjunta puede ser un factor diferenciador, tal como lo hacen actualmente varios bloques comerciales y políticos en el mundo. Chile es y ha sido un país amigo de Colombia por décadas, por lo tanto, a través de los distintos mecanismos bilaterales y multilaterales ambos países pueden actuar de manera conjunta. La Alianza del Pacífico debiese ser una promesa real de integración regional, que se robustezca en el corto plazo.

Colombia tiene mucho que celebrar: el ingreso reciente a la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE); el salto en el Índice de Competitividad, del puesto 75 en 2009 al 57 en 2019; y el incremento en la Inversión Extranjera Directa (IED), en 2019, que según informe del Financial Times, logró anunció record por 165 proyectos de inversión valorados en US $ 4.800 millones, más del doble que las cifras para 2017.

Adicionalmente, el sector turismo alcanzó el año pasado la cifra de cinco millones de turistas, generando divisas cercanas a los US $6.000 millones.

Por último, en los tiempos de la crisis sanitaria, el país ha sido reconocido internacionalmente por su manejo. Usando su capacidad creativa ha logrado desarrollar ventiladores mecánicos y avanzar en una vacuna local, involucrando al sector público-privado y la academia. Esto es una muestra de que se puede construir un futuro mejor, a pesar de las circunstancias adversas que nos rodean.

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