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Los riesgos políticos que azotan a la región

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Lo ocurrido en Perú- donde el Congreso votó a favor de la vacancia del ahora expresidente Martín Vizcarra, provocando gran polarización social- volvió a levantar temores sobre la recurrente inestabilidad de las instituciones del país.

Sin embargo, este no es un fenómeno que en los últimos años está siento cada vez más común en todo el continente. El azote de la pandemia y el descontento social generalizado han golpeado fuerte en América Latina durante el último año, dejándola débil y expuesta a futuro problemas sociales y económicos, al decir de los expertos.

En ese contexto, el Centro de Estudios Internacionales de la Universidad Católica (CEIUC) decidió elaborar una encuesta de Riesgo Político, con foco en los peligros derivados de decisiones políticas o diversos eventos, que enfrentará América Latina.

“Vimos un espacio para hacer un estudio de Riesgos Políticos de América Latina elaborado por un centro de la misma región”, dice el director del centro, Jorge Sahd.

El estudio, que se elaboró a partir de 3.986 casos-entre los cuales hay 120 expertos en política y economía, previamente seleccionados-arrojó resultados que concuerdan con el ambiente de descontento y crisis que se percibe en el continente, al menos desde el año pasado.

El principal riesgo político identificado es la “incapacidad del Estado de dar respuestas a demandas sociales, debido al mayor nivel de deuda pública, débil desempeño de las economías y creciente conflicto entre el poder Ejecutivo y Legislativo”.

Este ítem está seguido de cerca por otra materia relacionada con los efectos de la pandemia y con las demandas sociales, como por ejemplo, el estallido en Chile: “la nueva ola de protestas violentas en la región por altas tasas de desempleo, mayor desigualdad y aumento de la pobreza”

Otro riesgo que fue mencionado muchas veces por los encuestados es el de un posible debilitamiento del Estado de Derecho. Esto se cree que podría generar varias consecuencias, como el aumento de la corrupción, el narcotráfico o el crimen organizado; el mayor apoyo a lideres autoritarios o populistas, y la pérdida de seguridad jurídica para los negocios o la inversión.

“Si no se encuentra una manera de canalizar institucionalmente estas demandas el riesgo que viene es que van a volver las protestas sociales y; en algunos casos, estas protestas pueden venir acompañadas de una ola de violencia”, dice Daniel Zovatto, director regional del instituto Idea.

El riesgo de que el Estado de Derecho se debilite es algo que preocupa, sobre todo, al sector privado, como cuenta Jorge Carey, abogado, experto en arbitraje internacional y miembro del directorio del CEIUC.

“Cuando el Estado no Puede reaccionar debidamente contra los flagelos sociales, aumenta considerablemente la probabilidad de que emergerán líderes populistas y/o autoritarios, uno de los riesgos que más afectan al emprendimiento y la inversión. Como es sabido y entendible, el capital y el emprendedor se defienden de ese riesgo no invirtiendo, o si lo han hecho, retirando su inversión para ponerla a buen recaudo”.

Otros riesgos que aparecen son: la crisis migratoria; la utilización de las Fuerzas Armadas para fines políticos; el conflicto geopolítico entre Estados Unidos y China; la parálisis de la integración regional, y el surgimiento de tensiones fronterizas.

Mirada a futuro

En este contexto, y el pleno debate sobre una nueva Constitución, para los expertos la encuesta parece indicar un camino que desemboca en un mayor rol estatal.

“Necesitamos un énfasis en lo público. Hoy necesitamos un Estado con alguna capacidad de emprendimiento. Si no hay inversión pública, no hay inversión privada. El fenómeno principal, en el futuro próximo, será el mayor rol de los Estados”, dice el senador José Miguel Insulza.

Sahd coincide. “La pandemia demostró la necesidad de avanzar en la modernización del Estado, especialmente para mejorar la calidad de los servicios públicos que presta a la ciudadanía, como son sus sistemas públicos de salud. Cada vez se requiere una respuesta del Estado más rápida y consistente”, concluye.  

Fuente: "El Mercurio"