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El acercamiento entre Arabia Saudí y Qatar

El acercamiento entre Arabia Saudí y Qatar, ¿un espejismo de paz en un desierto de conflictos?

En junio de 2017, Arabia Saudí y tres países aliados -Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Egipto- rompieron sus lazos con Qatar, acusándolo de apoyar a grupos islamistas, llevarse demasiado bien con sus adversarios iraníes y turcos o provocar problemas en la región. Los qataríes, siempre lo han negado, e incluso afirmaron ser víctimas de un "bloqueo" y de una violación de su soberanía[1]. Sin embargo, en enero de 2021, Qatar y Arabia Saudí, junto con otros cinco países del Golfo, firmaron el acuerdo de “Al-Ula” que restablece plenamente las relaciones entre Doha y varios de sus vecinos. Esta summit entre los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), destinada a aliviar las tensiones en la región, se caracterizó por 13 condiciones, entre ellas el cierre de Al-Jazeera, canal de televisión repudiado por muchos regímenes árabes; un compromiso sobre el fin de la financiación de grupos extremistas por parte de Qatar y el cierre de una base militar turca en dicha ciudad. No obstante lo anterior, Doha no ha aceptado ninguna de estas exigencias.

En virtud de lo señalado, cabe preguntarse cuál es la verdadera razón de esta inversión de la posición de Arabia Saudí hacia Qatar, ya que los intereses geopolíticos de estos dos países continúan divergiendo.

En primer lugar, cabe señalar que Arabia Saudí necesita renovar su imagen en la escena internacional, que se ha visto empañada por los fracasos de su política regional ofensiva lanzada desde 2015. Su implicación en la guerra de Yemen, el escándalo internacional provocado por el asesinato del periodista saudí Jamal Khashoggi o la retención del primer ministro libanés Hariri, han hecho que el reino saudí pierda influencia en favor de Ankara y, en menor medida, de Teherán. Además, este último ha aprovechado para acercarse a Qatar, que se ha convertido en algo más que un socio comercial.  De hecho, cuando el pequeño Estado desértico se situó en el banquillo regional, se reforzaron las relaciones entre los dos países, que comparten el mayor yacimiento de gas del mundo y cuya explotación se ha acelerado. Además, Teherán ha ofrecido a Doha desde 2017 oportunidades para aflojar el embargo impuesto por los países del CCG, abriendo su espacio aéreo y sus puertos. La creación de nuevas cadenas de suministro ha permitido a Qatar dejar de depender de las importaciones de Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos. Por el contrario, el ministro de Asuntos Exteriores de Qatar, Mohammed bin Abdulrahman al-Thani, allanó el camino de las negociaciones entre Washington y Teherán al afirmar que "espera que se celebre pronto una cumbre entre funcionarios iraníes y dirigentes del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG)[2]".

Qatar también ha aprovechado este blocus para reforzar sus relaciones con Turquía, con la que tiene muchos puntos en común desde hace tiempo. Desde el punto de vista geopolítico, Qatar y Turquía se opusieron a la toma de poder del general Abdel Fattah al-Sissi en Egipto en 2014, al tiempo que apoyaban a los Hermanos Musulmanes. Militarmente, Qatar y Turquía apoyan a los mismos grupos políticos en Libia y a los mismos rebeldes que luchan contra el régimen de Bashar al-Asad en Siria. Por último, el presidente turco había criticado las sanciones contra Qatar en 2017 y había anunciado un mayor desarrollo de las relaciones entre ambos países[3].

Así, Qatar parece ser un sólido intermediario para iniciar un diálogo con dos regímenes de diplomacia restringida.  Al permitir que Qatar actúe como intermediario a su favor, Arabia Saudí espera influir en sus posiciones. 

El interés de Riad por normalizar las relaciones con su vecino qatarí es también para quedar bien con el nuevo presidente estadounidense, Joe Biden, con el que las relaciones son mucho menos cordiales que las mantenidas con la administración Trump. Prueba de ello, la Casa Blanca hizo un movimiento audaz al publicar el memorando de inteligencia estadounidense mantenido en secreto sobre el asesinato del periodista saudí en 2018. La nota cuestionaba la responsabilidad personal del príncipe heredero en el asesinato de Jamal Khashoggi. Además, el Departamento de Estado de Estados Unidos suspendió la venta de armas a Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí, y anunció el fin del apoyo estadounidense a la campaña militar saudí en Yemen, afirmando que había "creado una catástrofe humanitaria y estratégica.[4]"

La reunificación del Golfo sigue siendo un punto álgido de cooperación positiva en Oriente Medio, poniendo fin a una de las crisis más importantes de la región en la última década. Este acercamiento entre Qatar y Arabia Saudí abre nuevas posibilidades de diálogo entre las principales potencias de la región. Por su parte, el presidente estadounidense desea "recalibrar" los compromisos de Estados Unidos en Oriente Medio, para poder concentrarse en la rivalidad, considerada existencial, con China. Pero así ha sido durante décadas: aunque los intereses estratégicos estadounidenses sean menos fuertes que antes, y la dependencia del petróleo del Golfo haya desaparecido en gran medida, esta región tiene el poder de mantener la atención de los presidentes estadounidenses. Queda por llevar a cabo estas dos iniciativas diplomáticas con éxito, sin desestabilizar a Arabia Saudí ni hacer demasiadas concesiones a un Irán muy impopular en Washington. 

En cualquier caso, es razonable percibir el acercamiento de Qatar como un paso adelante para una cierta paz en Oriente Medio.