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Ucrania: la desventaja de las autocracias al elegir sus guerras

La guerra de Vladimir Putin en Ucrania no ha resultado tal como lo planificado. La campaña militar, concebida en un inicio como una ‘operación especial’ que debía durar unos pocos días, ya lleva diez semanas. Rusia debió cambiar su objetivo de capturar la capital por el de controlar la región del Dombás en la Ucrania oriental. Sin embargo, ahí también la ofensiva rusa está estancada. El liderazgo autocrático de Putin es uno de los factores que explican la decisión de embarcarse en una guerra con aparentemente pocas chances de triunfar.

La lista de errores de la campaña rusa es larga. La colosal subestimación de la resistencia ucraniana, la falta de preparación de las fuerzas armadas rusas y la enorme cantidad de fallas logísticas son solo algunas de las falencias que hacen pensar que, tanto a corto como a largo plazo, Rusia estaría mejor sin este conflicto. ¿Como es posible que el líder de una de las principales potencias no cuente con la debida información para la toma de decisiones sobre un asunto tan transcendental como la guerra?

Una de las respuestas a esta pregunta apunta al régimen autocrático y autoritario de Putin. Estudios en psicología organizacional han demostrado que este tipo de líderes tiende a tomar decisiones importantes solos y sin considerar opiniones alternativas. También suelen estar menos interesados en el bien común y exhiben características personales que les hacen menos competentes políticamente. Ser competente en este contexto significa lograr los objetivos políticos sin tener que recurrir a la guerra, que siempre es costosa para todas las partes involucradas. Y en caso de optar por la guerra como último recurso, hacerlo teniendo una estrategia viable.

A parte de los rasgos personales, el propio funcionamiento de los regímenes autocráticos refuerza la situación en la que un líder se niega a aceptar argumentos contrarios. Por un lado, no toleran instituciones que representen un contrapeso político y que permitirían frenar una conducta beligerante. Por otro lado, las autocracias suelen restringir severamente la acción de la sociedad civil y los medios de comunicación independientes, quienes podrían generar propuestas alternativas. Estas dos condiciones están presentes en Rusia, donde Putin ha establecido un firme control sobre todas las instituciones políticas y un sistema represivo en contra de todo tipo de oposición.

Adicionalmente, los líderes autocráticos suelen estar rodeados por asesores que temen comunicarles verdades desfavorables. Los miembros de los círculos más cercanos al líder podrían perder acceso a los beneficios ligados a su posición en un régimen sostenido por amiguismos. En el caso de Putin, observadores y fuentes de inteligencia estadounidenses y europeas coinciden en que los pocos que siguen teniendo acceso al Presidente han evitado proporcionarle noticias que no quería escuchar.

Lo anterior no significa que las democracias siempre generen tendencias pacíficas. Existen numerosos ejemplos de cómo líderes de democracias consolidadas han instrumentalizado los recursos a su alcance para suprimir críticas y agitar sentimientos bélicos. Lo que sugiere la evidencia sobre las autocracias en guerra es que las democracias tienen mayores chances de elegir bien sus guerras.

Fuente: Diario Financiero