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Pelosi y un “gusto” evitable

Para evaluar la polémica visita a Taiwán de la presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Nancy Pelosi, cabe hacerse dos preguntas: ¿qué beneficios concretos obtuvo EEUU? ¿Aumentaron los riesgos de inestabilidad en esa estratégica región luego de su viaje?

Aunque la visita no era oficial y tampoco fue apoyada por la Casa Blanca, para China constituyó una provocación directa de Washington y una intromisión en cuestiones de soberanía e integridad territorial. Una línea roja que, para China, constituye un asunto de política interna y que elevó la tensión a niveles no vistos en más de dos décadas.

La visita no reportó beneficios concretos para el interés de Estados Unidos. Washington no modificó su política de “una sola China” ni su ambigüedad estratégica como aproximación a Taiwán: por un lado, no la reconoce como una nación soberana, pero por otro, se obliga a defenderla militarmente en el evento de una invasión. El apoyo a Taipei se traduce, además, en importantes vínculos económicos y comerciales con la isla. La visita no alteró el status quo y más bien causó incomodidad en el gobierno americano y el Pentágono.

La segunda pregunta es si aumentaron los riesgos o no en Taiwán y la región. Pensar que los riesgos no aumentaron por no producirse una escalada del conflicto es un error. Ese escenario sigue siendo de baja probabilidad en el corto plazo. Hoy Xi Jinping está enfocado en lograr su tercer período y acrecentar su poder, por lo que toda inestabilidad regional no es funcional a su objetivo político ni a la complicada economía china. Una actitud más dura podría producirse en el mediano plazo al acercarse las elecciones de 2024 en Taiwán, donde el partido pro-unificación busca un tercer período consecutivo. A Xi esta vez le bastó con la mayor demostración de fuerza militar en 25 años para ganar legitimidad de cara al Congreso del Partido Comunista.

Pero hay otros riesgos de menor intensidad a una escalada bélica, aunque complejos para la economía mundial. Un bloqueo del estrecho de Taiwán generaría una seria disrupción en el comercio global, por la importancia de esa vía marítima; mientras que la industria de los semiconductores podría enfrentar mayores problemas de escasez que los que ya viene arrastrando desde 2020.

Si la dependencia era sinónimo de colaboración, hoy se está transformando en vulnerabilidad. Taiwán concentra más del 60% de la fabricación de chips y, sumados a Corea del Sur y China, los tres alcanzan cerca de un 90%. Una mayor inestabilidad regional produciría serios problemas para productos críticos como celulares, automóviles, procesadores, hasta el desarrollo del 5G y la inteligencia artificial. Washington y Beijing saben que la industria de chips es vital en su competencia estratégica y que los esfuerzos por ser autosuficientes -como la reciente ley “Chips and Science Act” para impulsar la industria americana- no tendrán resultados de la noche a la mañana. Todo esto implica mejorar competitividad y re-localizar cadenas de suministro globales.

La visita de Pelosi contribuyó a tensionar aún más la tirante relación entre Estados Unidos y China, y la posición sobre Taiwán no varió. La gira más bien constituyó un riesgo innecesario en un mundo donde la contención de conflictos se hace cada día más difícil.

Fuente: Diario Financiero