Opinión

Crisis económica y dependencia de China

Tras lo ocurrido desde el 18-O se espera un 2020 difícil en Chile, tanto económica como políticamente. Si esta crisis se prolonga, ¿cómo afectaría a nuestra relación con China? La experiencia de otros países de la región sugiere dos maneras: creando mayor dependencia económica y, por ende, mayor dependencia política.

La crisis brasilera es el mejor ejemplo reciente. Entre 2012 y 2014 la economía creció a un promedio de 1.8% anual, y en ese trienio de vacas gordas hubo 15 adquisiciones chinas de empresas nacionales, por un valor promedio por operación de US$ 240 millones. Pero Brasil pasó de la alegría a la tristeza en muy poco tiempo y el trienio de 2015 y 2017 fue de los peores de su historia: la economía se contrajo 7%. Sorpresivamente, en ese lapso se disparó la inversión china y nada menos que 34 empresas brasileras pasaron a manos chinas, por un total de 28 mil millones de dólares, es decir, un promedio de 820 millones cada una.

Así, los chinos aprovecharon un real devaluado y las urgencias económicas, sin importar la inestabilidad reinante, y no sólo compraron más que en años previos, sino que compraron más grande. La típica idea de que la inversión china es principalmente para suplir de recursos naturales a su mercado doméstico no aplicó a este caso. Las adquisiciones fueron de empresas oligopólicas de distribución eléctrica y otras de logística y transporte de mercancías. Es decir, compraron empresas que lucraban con el mercado doméstico. Ya en lo comercial, en el trienio de crisis, las exportaciones aumentaron y se concentraron aún más que en el pasado en hierro y soja.

¿Cómo afectaría a Chile esta nueva realidad? La inversión china entre 2012 y 2015 representó apenas el 0,08% del PIB chileno. Sin embargo, entre 2016 y 2019 creció a 2,28%, el segundo porcentaje más alto de la región, detrás de Perú. A la luz de lo ocurrido en Brasil, no sería sorprendente que para el trienio 2020-2022, Chile sea el principal destino de inversiones chinas como porcentaje del PIB. Lo mismo puede decirse de la dependencia comercial de Chile con China, que ya antes de la crisis era la mayor de América Latina: 30% de su comercio total en 2018.

Quien dice dependencia económica, dice, necesariamente, presiones políticas. Bolsonaro pasó de criticar al comunismo chino y visitar Taiwán durante su campaña presidencial, a regalar a Xi Jinping una polera de Flamengo en su última visita de Estado, donde reforzaron BRICS y discutieron tecnología 5G. Para Chile, consolidarse como el país con la mayor dependencia comercial hacia China de la región y pasar a ser el principal receptor de inversión china -medida como porcentaje del tamaño de la economía sería un desafío enorme para la política externa, sobre todo en un escenario de mayor bipolaridad entre China y Estados Unidos. Si a esto le sumamos el financiamiento que pueda llegar de la membresía al Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, no habría otro país tan determinante para la recuperación de la economía nacional como China. ¿Estamos preparados?

Fuente: Diario Financiero