Opinión

Una región de mal humor

SEÑOR DIRECTOR:

El anuncio de “muerte cruzada” en Ecuador, convocando a elecciones presidenciales y legislativas anticipadas, nos recuerda que la gobernabilidad es cada vez más compleja en América Latina. Con la salvedad de presidentes con rasgos autoritarios, como Bukele en El Salvador y López Obrador en México, la mayor parte de los mandatarios de la región sufren bajos niveles de apoyo y pierden su capital político con rapidez: la llamada “luna de miel” de los gobiernos, ya no existe.

Desde el día uno, el Presidente Lasso no pudo entenderse con un Congreso de mayoría opositora-correísta, que bloqueó todas sus iniciativas emblemáticas. Pero el mal de Lasso no se limita a Ecuador. En Colombia, el izquierdista Petro vio caer rápidamente su aprobación y hace pocas semanas puso fin a la frágil coalición oficialista que lo llevó al poder. En tanto, Castillo en Perú nunca pudo gobernar y terminó con un intento frustrado de autogolpe.

Que la democracia a nivel regional viene deteriorándose es una realidad alarmante. Como muestra The Economist Intelligence Unit, América Latina es la región que más ha retrocedido en la calidad de su democracia en la última década y la desafección de los ciudadanos aumenta con fuerza. Según Latinobarómetro, cerca de la mitad de los ciudadanos son indiferentes frente al régimen político, mientras su gobierno resuelva los problemas de seguridad, salud o economía.

La percepción regional es que los gobiernos democráticos no están ofreciendo gobernabilidad, con aparatos burocráticos anclados en el pasado, y economías anémicas e incapaces de satisfacer expectativas crecientes. Si a esto le sumamos un contexto de mayor fragmentación política, bajos niveles de confianza en lo público, estados con mayores niveles de déficits fiscales y deuda pública, y coaliciones políticas frágiles, las condiciones para gobernar son cada vez más complejas. Esto tiene de mal humor a los latinoamericanos, cuyo partido político preferido es el del “voto de castigo”.

Lo ocurrido en Ecuador, un país asediado por la inseguridad y la “mala” política, es una expresión más del deterioro político de la región. La democracia es apuntada como la madre de todos los males, indolente frente a la violencia y sin capacidad de apuntalar la economía. Terreno fértil para el surgimiento de nuevos autoritarismos, sean de izquierda o de derecha.

Fuente: La Tercera