Opinión

¿Política exterior de principios o de intereses?

El episodio que enfrenta al gobierno de Israel con Boric no es el primero en que el Estado chileno debe navegar entre principios e intereses. En este caso, se ha argumentado que la posición del gobierno frente a la acción de Israel en Gaza afectaría seriamente los intereses del país, especialmente en el campo de la colaboración militar. El gobierno, en tanto, argumenta que la decisión se basa en principios de política exterior, aunque algunos intereses puedan verse afectados temporalmente.

La pregunta que cabe hacerse es ¿cuál es el límite de los intereses de un país? ¿Hasta dónde cabe la “incondicionalidad” por los intereses comprometidos? Ahí es donde aparecen los principios, ese puñado de conceptos que guían a un Estado en sus relaciones internacionales y que lo hacen ser un país creíble y serio. Los de Chile son claros y transversales a todo gobierno: respeto al derecho internacional, promoción de la democracia y los derechos humanos, y responsabilidad de cooperar.

Aunque el presidente haya cometido un grave error en no recibir las cartas credenciales del recién asumido embajador de Israel y sea desprolijo en sus declaraciones, la actuación del gobierno de Chile frente al conflicto en Gaza no sólo ha sido consistente con la política de Chile en esta materia, sino también frente a otros tipos de conflictos: defensa del derecho internacional – donde se incluye el derecho humanitario –, pleno respeto a las resoluciones internacionales de Naciones Unidas, y promoción de los derechos humanos. En eso, Chile no ha variado un ápice en su política exterior.

La segunda pregunta es si Chile, en defensa de este pequeño y granítico conjunto de principios, ha estado dispuesto a comprometer temporalmente sus intereses en el pasado. La respuesta es sí, y en un caso de mayor complejidad: el no apoyo a Estados Unidos de invadir Irak el 2003, sin la aprobación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Una decisión nada más ni nada menos contra el socio histórico de Chile y principal potencia mundial, y en plena negociación de un tratado de libre comercio entre ambos países. El presidente Lagos estuvo dispuesto a ir en contra de la voluntad americana invocando, justamente, los principios de política exterior que sustentan la acción internacional. A pesar de los más catastróficos augurios, las relaciones entre Chile y Estados Unidos permanecieron sólidas y se proyectaron en el tiempo.

De menor entidad, existen casos donde Chile ha mostrado capacidad para resistir presiones, como las de China en la licitación del 5G, con la dificultad que significa navegar en aguas con el principal socio comercial chileno y creciente inversionista extranjero. Pero las críticas también corren cuando un gobierno no es lo suficientemente coherente con sus principios, como el actual y su falta de condena a las violaciones de derechos humanos en Cuba, centrándose en la región solamente en Nicaragua y Venezuela.

Estos episodios nos recuerdan que no son los intereses de forma aislada, sino bajo principios claros, los que deben guiar la política exterior chilena. Y aunque eso signifique afectar temporalmente algunos intereses, en el largo plazo permitirán que Chile siga posicionándose como un país creíble, serio y, en definitiva, predecible en sus relaciones internacionales.

Fuente: Diario Financiero