Opinión

Golpe de timón de los laboristas en Reino Unido

El exembajador en Reino Unido y Consejero del Centro de Estudios de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Pablo Carera, analizó los factores tras el categórico triunfo del Partido Laborista en las elecciones de Reino Unido.

“La insatisfacción social, la disminución de los beneficios del Estado, la crisis tras la implementación del Brexit, y la conducta política del Partido Conservador, repercutieron fuertemente en el alma nacional”, afirmó.

El diplomático también profundizó sobre las características de Keir Starmer como nuevo primer ministro, y las señales de moderación de los laboristas que generaron lazos de confianza con los electores británicos.

El fracaso de las promesas del Brexit y el deterioro del Partido Conservador

-¿Cuáles son los principales factores que definieron este resultado electoral?
-En primer lugar, hay insatisfacción de la gente con un gobierno largo que no respondió a las expectativas en momentos difíciles. Hay que recordar, por ejemplo, la pandemia que afectó fuertemente la vida de los europeos, en este caso de los británicos. Y en la pandemia también hubo actos que deterioraron la imagen política del Partido Conservador y cómo el primer ministro de la época, Boris Johnson, se aproximó al tema. Creo que fue muy sensible para el deterioro de la imagen y de la reputación del Partido Conservador, que ya estaba a la baja.

Hubo malas decisiones también. En un momento determinado cambiaron al primer ministro y asumió Liz Truss con un programa económico que produjo una hecatombe en la economía británica en dos días. O sea, ella duró muy poquito. Ni siquiera salió electa parlamentaria esta vez, de nuevo perdió su cargo. Hubo una seguidilla de cambios en un país reconocido por su estabilidad política, de cómo se manejaba institucionalmente el país

Y esto tiene un correlato con las consecuencias del Brexit, con muchos problemas de implementación justamente de la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea, que mirado con espejo retrovisor fue una mala decisión.

-¿Cuáles fueron las principales consecuencias?
-Se prometió que la economía de Gran Bretaña iba a ser más potente con la salida de la Unión Europea, y resultó que no fue así. La fluidez y solidez del comercio se empezaron a deteriorar. También la fuga de personas expertas que tenían la economía y la institucionalidad marchando muy bien, y esto significó que hubo una fuga de estas personas por los problemas de migración que se producían, porque cambió todo el sistema.

Por otro lado, el tema de la seguridad. Había un discurso muy fuerte de que la migración en Gran Bretaña había producido inestabilidad política y había traído terrorismo y dificultades. Acuérdate que hubo conspiraciones internacionales en ese momento, en algún minuto murió gente que fue envenenada en el propio Londres, lo que fue atribuido a personeros de otros países.

Y eso se agrava después con la guerra en Ucrania que hizo que la economía británica se viera bastante resentida, y empezó una insatisfacción porque Gran Bretaña estaba apoyando militarmente esta guerra. La gente sentía que, por el otro lado, le quitaban garantías y le quitaban financiamiento a los servicios públicos que se habían deteriorado fuertemente. Es decir, la insatisfacción social, la disminución de los beneficios del Estado, la crisis tras la implementación del Brexit, y la conducta política del Partido Conservador, repercutieron fuertemente en el alma nacional.

El ascenso del Partido Laborista y las garantías de moderación en contexto de crisis

-¿Cómo interpretas el ascenso del laborismo y su evolución en los últimos años?
-Hay que mirar con calma los resultados. Si bien es cierto, en materia de miembros del Parlamento, el Partido Laborista dobló lo que tenía, en términos porcentuales no fue tanto el impacto, tenía un 32,2% y subió al 34%. Pero sí hay un voto de insatisfacción, de castigo a lo que es la institucionalidad y de cansancio frente a 14 años de gobierno conservador.

Hoy día el contexto actual, no solamente de Gran Bretaña, sino que de Europa, demuestra que hay un electorado volátil, muy sensible a las evoluciones políticas y sociales del país. Creo que hay un cambio de paradigma que se está acentuando y la prueba más palpable es el discurso del nuevo primer ministro, Keir Starmer, un discurso muy republicano, con énfasis en lo que significa el ejercicio del gobierno ciudadano y del servidor público.

Esa es una manera también de decirle al electorado que aquí se terminaron los privilegios de las élites. Algo que siempre ha estado presente en la discusión política y con particularidad en Gran Bretaña, marcado negativamente por el “partygate” de Boris Johnson en la pandemia. Fue de suma importancia para los ciudadanos comunes y corrientes en lo que se refería al sufrimiento diario que se estaban viviendo.

Entonces capitalizaron un voto de protesta, donde la campaña laborista se centró en la necesidad de cambios. Pero hay que tener cuidado con las expectativas, porque es un cambio que va a tener que lidiar con esta ansiedad de la población. Entonces va a tener que aplicar políticas adecuadas que vayan en beneficio, ojalá, de restaurar la confianza del electorado con la institucionalidad británica.

-¿Cómo impacta el perfil de centroizquierda moderada de Keir Starmer? ¿Fue gravitante para generar esa confianza con el electorado británico?
-Claro y es justamente un desafío por lo que se está viviendo en Europa. Gran Bretaña tiene la particularidad de que mientras hay tendencias ultra tratando de ganar espacios en Europa, da una señal de moderación hacia el centro.

Y otro elemento importante, es el cambio que hubo en el Partido Nacionalista Escocés que venía presionando hace mucho tiempo con la idea de independizarse, incluso con un referéndum que lo perdió por muy poco. Y hoy día perdió prácticamente el grueso de su votación en esta elección, lo que también es un signo de moderación, de decir actuemos en conjunto, devolvamos la identidad a Gran Bretaña, una identidad que en las duras y en las maduras normalmente sale a relucir.

En el análisis más fino, es importante constatar que el discurso del primer ministro apunta hacia un país que tiene como prioridad la estabilidad. Y además me llama la atención que inicia sus palabras con algo muy poco habitual hoy día, en un mundo donde hay mucha confrontación, haciendo un reconocimiento al primer ministro que va de salida. Para terminar con un llamado a que todos los ciudadanos son iguales, que la persona siga siendo la preocupación vital del gobierno cuando las cámaras se alejan de alguna crisis o de algún problema. Ese es un mensaje súper importante.

La crisis del costo de la vida

-A propósito de los discursos de igualdad, se ha hablado bastante que otro factor gravitante es la crisis del sistema de salud británico…
-Después de haber sido lo que era Reino Unido, en cuanto a su poderío, su riqueza, en cuanto a su impronta, en cuanto a su capacidad de producir ideas, de impactar la economía mundial, etc., se fue resintiendo por diferentes circunstancias, incluida la pandemia e incluido el Brexit. Entonces, en el servicio de salud se notó, obviamente, que la provisión del Estado bajó.

Un sistema de salud que tenía el sello de ser uno de los logros de Gran Bretaña, pero que finalmente llega a tener cerca de 7 millones de personas, por ahí, en listas de espera para ser atendidos, cosa que iba contra cualquier historia del sentir británico.

Además con el tema de la migración, donde cambió un poco la estructura del cordón industrial británico, con la llegada a Europa de nuevas personas a puestos de trabajo que los británicos los fueron dejando. Como naturalmente se hace cuando llegan los grandes flujos migratorios, lo que trae también mayores expertos, pero el Brexit generó un gran problema en ese sentido.

Entonces, el servicio público como tal pasó a ser quizás lo más resentido y de ahí el discurso del nuevo primer ministro en relación al servicio público. O sea, el tema de igualar la cancha.

Reitero, los grandes impactos que no se pueden dejar de soslayar, el Brexit y la guerra de Ucrania, porque implicaron fondos que para muchos británicos podrían haberse utilizado en políticas públicas dedicadas al bienestar de la población. Es decir, hay que mirar, no con cautela, sino que con urgencia, cuál va a ser el cambio. No creo que este voto tan categórico en cuanto a entregarle el gobierno a los laboristas sea una carta blanca, como para decir que tienen cuatro años para resolver esto.

-Para cerrar, este fin de semana son las elecciones legislativas en Francia donde todo indica que van a ir en dirección contraria a los británicos, ya que el triunfo será para el partido de ultraderecha, ¿cómo entender los contrastes en un mismo continente?
-La similitud entre ambos países es un poco la insatisfacción respecto a las demandas ciudadanas, pero las tendencias son distintas de acuerdo a la organización de su población y de su estructura como país. Francia es una República, donde hay un presidente que tiene a cargo las políticas del Estado, principalmente de defensa y de relaciones exteriores, y que tiene un parlamento donde la mayoría nombra al jefe del gobierno. Reino Unido es una monarquía constitucional con un gobierno parlamentario. Eso tiene una diferencia, porque hay puntos de unión en lo que se refiere a la máxima figura.

En el caso de Gran Bretaña, también hay que observar cuál es el rol que ha jugado en el ordenamiento del mapa geopolítico mundial o del tablero geoestratégico. Y por otra parte, en lo que se refiere a la organización financiera mundial. Entonces, el factor geopolítico y el tema financiero, son temas determinantes que han definido a Gran Bretaña como un actor central, y hoy día no es la excepción.

Fuente: El Mostrador