Opinión

Mi manifiesto: Juan Emilio Cheyre

El Diario La Tercera aborda desde una perspectiva diferente esta entrevista con el director del CEIUC, Juan Emilio Cheyre.

logo la terceraMi casa no era de grandes lujos, veraneábamos en El Tabo, teníamos una casa chiquitita. Siempre tuvimos todos, pero éramos austeros. Eso me marco en mi vida.

Yo era un niño estudioso, me fue bien, y ahí me dieron responsabilidades y no sabía asumirlas en ese tiempo. Cuando niño quería ser maquinista de trenes. Después tuve una inclinación por el sacerdocio, fugaz. A los 13 años me di cuenta de que no era lo mío. También tuve una inclinación fugaz por ser médico, con el estudio de la biología me di cuenta de que no era lo mío. Estudie en el San Ignacio y eso influyo en mi vida, porque me hizo conocer la espiritualidad y un Dios cercano. Yo no tengo un Dios culposo, un Dios castigador. Estoy aprendiendo a cocinar pulpo. Me gusta hacer el jardín, cortar el pasto.

El 11 de septiembre de 1973 estaba en La Serena, era teniente. Creía que el gobierno había traspasado los límitesmanifiest cheyre latercera

Me fui a los 14 años a la Escuela Militar, en 1962. Fui el tercer cadete más chico de la Escuela. Me costó mucho. Me costaba la soledad, estar en un camarote en la noche y ver puros potreros, ahí, en Apoquindo. En un mundo tan de deportistas, de corredores, de lanzadores de balas, a mí todo me quedaba grande: las botas, la ropa.

Que la Constitución. Era muy joven, tenía 25 años, pero no dude del llamado de la Corte Suprema, del Senado ni de la Cámara, de que el gobierno había fracasado. Creía que la acción militar era inevitable, era correcto actuar. Pero me dio una pena infinita; pese a mi edad me corrieron las lágrimas cuando fue el golpe. Sentí un quiebre. Nunca creí que me iba a tocar conocer tanto dolor como los que tuve que vivir.

La tragedia de Chile yo la viví en una etapa en que cuando tuve las responsabilidades que tuve, la comprendí en su total dimensión. Soy testigo del dolor y drama de los familiares de quienes murieron, de los que vieron vulnerados sus derechos, de los que mataron, de las familias de ellos. Soy testigo también del dolor de los que cometieron ese delito, que es impresionante. Algunos se suicidaron. Quienes cometieron esos crímenes y se enfrentan a la justicia, las penas y su conciencia, hoy son muertos en vida.

Eso es un dolor que pocos conocen. Lo más difícil en mi vida profesional, en lo humano, ha sido dar el paso de reconocer, como Ejercito, que éramos responsables de la violación de derechos humanos y de hechos incalificables como haber lanzado gente al mar. El arrepentimiento es de carácter personal, yo no me puedo arrepentir por otros, no hay cosas que yo podría haber evitado.

Me gusta subir cerros, hago trekking, porque me permite pensar, desconectarme de todo. Lo hago hace muchos años, tengo una casa en Farellones. Me gusta el contacto con la gente, pero en el cerro me encuentro conmigo.

Lo emocionante con el general Pinochet fue una conversación de más de cuatro horas. En mi mando, el tuvo varios episodios en que estuvo cerca de la muerte. Tenía que hablar abiertamente con el de esto. Una tarde, genere las condiciones para tener un encuentro solo. Me recibió en su casa y hablamos de la muerte. De cómo iba a ser su muerte y que venía después. No puedo ni debo reproducir esa reunión, pero fue muy honesta y humana.

Nunca he fumado un pucho. Ni curiosidad me da, ni siquiera he prendido uno. No solo como Comandante en Jefe, si no que en mi vida, me hubiera gustado mostrar más mi corazón. Yo soy un hombre percibido como muy severo, aunque creo que he castigado muy poco en mi vida, salvo cosas que me corresponde castigar. Cuando ando con mi mujer mi rostro humano se nota más, aunque hago mucho esfuerzo en ponerlo.

Cuando termine mi mando en el Ejército, salí manejando mi auto con mi mujer y mis niños. No por pose; ni un día tuve un escolta. Al otro día me subí al metro y el primer día de mi retiro, me hice unos exámenes médicos y fui a una cafetería a tomar un café y leer el diario. Ando en un Toyota Yaris, como los taxis. Cuando asumí en el Servel comprendí las críticas, porque hay gente que tiene una visión mala de los militares. El presidente tenía mi renuncia permanente en su escritorio. Cuando paso lo de Antuco no lo pensé nunca, porque era un caso totalmente puntual, era un caso que contradecía todas las órdenes que yo había dado. Lo que revise si había algo que podíamos haber hecho mejor, mi responsabilidad era asumir la crisis que se estaba viviendo.

Rechazo el aborto, porque creo en la vida desde su concepción. Y ningún tipo de aborto. Tal como ninguna violación a los derechos humanos es aceptable, el aborto, para mí, es una violación al derecho de la vida.

Soy un hombre enamorado, me importa mucho el amor, no solo de pareja. Soy un enamorado y agradecido de la vida. Estoy enamorado de mi mujer, llevamos 43 años casados. Creo en el amor como un valor fundamental de vínculo con el otro, con todo ser humano. Rezo todas las noches, rezo con mi mujer. En épocas de aflicción, rezo el rosario en la noche.

Esquío, corro, troto, navego, ando en bicicleta. En general me gusta el trabajo duro, soy un trabajador compulsivo. A mi mujer le gusta bailar. Frecuento el Club Mangosta, donde bailamos salsa. De repente vamos a Bellavista a bailar. No me gusta, pero lo hago por amor. Yo presto libros, pero les pongo un timbre que dice "esto es propiedad de Juan Emilio Cheyre". Y los anoto en una libretita. No soy maniático, soy ordenado. La vida eterna me cuesta imaginarla, pero yo me la figuro como un estado de paz, serenidad. De una vida plena, sin temores, donde todos sean como amigos, donde uno se encuentre con la gente que uno quiso.

 

Fuente: La Tercera