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Los desafíos del Observatorio AP

Su extenso currículum de estudios, investigaciones, publicaciones y cargos hablan de las capacidades de José Luis Parra Arias, director ejecutivo del Observatorio Estratégico de la Alianza del Pacífico, razón que lo trajo a la reciente cumbre del organismo realizada en Cali.

¿Cómo llegó a la dirección ejecutiva del Observatorio Estratégico de la Alianza del Pacífico?

Es interesante, porque el cargo no existía. En 2014 le presenté al presidente del BID, Luis Alberto Moreno, la idea de crear una red de instituciones académicas en la AP y en 2015, se la planteé como observatorio al rector Ignacio Sánchez de la Pontificia Universidad Católica de Chile. En la cumbre presidencial de 2016, se logró un acuerdo de cooperación entre las cuatro universidades fundantes: Católica de Chile, Los Andes de Colombia, el TEC de Monterrey y la Universidad del Pacífico, de Perú.

¿Qué logros tiene en un año de labor?

Destaco la participación en más de ocho proyectos de investigación. Resalto la participación de la Icesi a través del doctor Rodrigo Varela en la creación de un Índice de Emprendimiento para Latinoamérica, para detectar las principales brechas de oportunidad en los cuatro países con más baja calificación que el resto del mundo.

¿Cómo encontró a Cali en la reciente cumbre de la Alianza del Pacífico?

Fue muy positivo el encuentro con mi ciudad, observo más progreso en infraestructura vial, profesionalismo en cargos públicos, muy importante para el desarrollo. Hallé empresarios del Valle con un espíritu renovado e interés de seguir invirtiendo en la región. Destaco iniciativas como Invest Pacific y la nueva visión de la Cámara de Comercio de Cali, que impulsan al Valle a competir globalmente.

¿Qué nos falta?

Dejar de darle la espalda al Pacífico e impulsar el desarrollo de Buenaventura. Todos los diagnósticos coinciden en que la única forma de competir en el comercio mundial es con eficiencia, rapidez, infraestructura de calidad, conectividad y bajos costos en las zonas portuarias. Otros países ya lo están haciendo y más rápido que nosotros.

¿Cómo ha sido trabajar en Chile?

Trabajar en Chile y en México los últimos 24 años ha sido una experiencia enriquecedora. El colombiano es recursivo, de buen trato y de fácil adaptabilidad a condiciones adversas. Como dicen en Latinoamérica, “somos entradores”, y esa virtud bien canalizada, trae réditos. El extranjero en otra cultura debe mostrar más resultados que el local, eso exige esforzarse más horas y demostrar que es un profesional confiable y responsable.

¿Qué aconseja a los profesionales que quieren proyectarse en el exterior?

En esta era de la economía digital o cuarta revolución industrial, se requieren habilidades y conocimientos que no existían en otras generaciones. Tener la capacidad de generar su propio empleo, ser bilingües 100% y ojalá manejen un tercer idioma y estudios complementarios a su carrera. El internet de las cosas, la robótica, la biotecnología, van a demandar desarrollar capacidad analítica, conocimiento de programación y uso de tecnología.

¿Qué lectura hace del momento histórico del posconflicto en Colombia?

Lamentablemente veo muy dividido al país en bandos que no permiten analizar con altura de miras un tema tan complejo. Creo en la paz, que las balas nunca permitirán el desarrollo de una región o de un país. El haber conocido y escuchado al presidente Nelson Mandela me motivó a creer que cuando las personas buscan un bien común, se puede soñar con una paz imperfecta, porque la perfecta sólo la encontraremos en el cielo para quienes creemos en Dios.

Fuente: El País de Colombia

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