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TPP: legislar con la Verdad

En pocas horas se votará en la Sala de la Cámara de Diputados el Tratado Integral y Progresivo de Asociación Transpacífico (CPTPP o TPP 11). La votación es clave, tanto por los beneficios concretos del Acuerdo como por la señal de Chile al mundo.

La política comercial chilena ha sido un activo-país. Como pocas políticas públicas, la apertura comercial ha gozado de un consenso transversal y ha sentado las bases de nuestro desarrollo económico, explicando cerca del 60% de nuestro PIB. Nuestra red de tratados comerciales ha sido de tal relevancia que prácticamente la totalidad de nuestro comercio se realiza con países con acuerdos.

¿Qué pasó, entonces, con ese país líder y ambicioso en su agenda comercial, donde la clase política se alineaba detrás de una estrategia país? ¿Cuándo ese minoritario germen proteccionista y antiglobalización tomó fuerza?

Es cierto. Desde sus orígenes el TPP11 no ha sido el mejor “marca”. Con Estados Unidos como director de orquesta, el TPP original se transformó en el símbolo antiglobalización en ciertos países desarrollados, movilización que tomó fuerza luego de la crisis sub-prime y el descontento de las clases medias con su bienestar económico.

Pero otra cosa es que países como Chile se dejen llevar por esas pasiones. Un país como pequeño como el nuestro debe tener las mayores facilidades y oportunidades para acceder a otros mercados. Y eso es lo que hace el TPP 11.

Decir que no se justifica suscribir nuevos acuerdos porque Chile actualmente los posee es jugar al empate. El TPP 11 incorpora normas de última generación no contenidas en otros tratados, especialmente en materia de servicios, comercio electrónico y estándares laborales. Además, el Acuerdo supone acceder a un mercado de más de 500 millones de personas con reglas únicas, flexibles y modernas. Desaprovechar estas oportunidades y dejárselas sólo a otros países que han ratificado el Acuerdo, nos harán un país menos competitivo en el mediano plazo.

Fijar posiciones en base a mitos tampoco es responsable. El TPP 11 no priva al Estado de fijar sus normas y prioridades legislativas. Y frente a eventuales demandas de inversionistas extranjeros contra el Estado, es bueno recordar que esa posibilidad ya existe en nuestro ordenamiento cuando un inversionista sufre un trato discriminatorio. La pregunta correcta es: ¿acaso no buscamos que nuestras inversiones y exportaciones gocen de una mayor protección y mecanismos más expeditos de solución de conflictos? Eso es lo razonable para una economía pequeña como la nuestra.

La lista de mitos sigue, respecto de temas ya resueltos por Chile, como el linkage, supuesto aumento de años para la protección de derechos de autor o la indefensión de los pueblos indígenas. Legislar en base a mitos no es lo que esperamos en el proceso de deliberación de nuestros congresistas.

Los beneficios del TPP11 son múltiples en preferencias para productos excluidos anteriormente y mejor acceso a los mercados de Japón, Vietnam, Canadá y Malasia. Si queremos que el Asia-Pacífico siga siendo nuestro centro de gravedad comercial, no basta con poner los esfuerzos en China, sino también mirar nuevas oportunidades en otros países de la zona.

En unas horas Chile pone a prueba por primera vez su exitosa política comercial. Lo único que pedimos es que nuestros legisladores voten con sentido de responsabilidad, en base a la evidencia y los beneficios concretos del Acuerdo. Legislar con la verdad es lo mínimo que un país espera de sus líderes.