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Perdiendo el asombro

El uso mañoso de las instituciones es también un problema que daña de manera permanente a las democracias y su futuro. El drama que ocurre en la democracia británica, es una muestra de aquello. Este lunes Jon Bercow, el conocido Speaker of the House of Commons en el Reino Unido, anunció que deja el puesto para el mismo día que se produzca el Brexit. En ese mismo lunes, el Primer Ministro Británico, Boris Johnson, volvía de una tensa reunión en Dublín con su homólogo irlandés. En la cita, y pese a su declarado deseo de una salida negociada de la Unión Europea, los hechos lo desmienten. Es por eso que el jefe de la Cámara de los comunes debe presenciar, agotado, cómo el propio Johnson no tiene pudor en sostener que tal vez no cumpla con la ley.

Es así que Bercow deja el puesto cansado de una relación tortuosa con el gobierno del que alguna vez fue su Partido Conservador. No puede lidiar con el sentimiento de que tras todo este tiempo, y en la hora que define el futuro de su país, los problemas se resuelvan cerrando por un mes el parlamento que es suspendido de funciones. El llamado del gobierno a elecciones adelantadas no es tomado en serio por nadie más en el espectro político. Llamar a una elección general a un mes de distancia y con un solo tema de campaña es creer que las instituciones se pueden amoldar al gusto personal y teñirlas con un aire de legitimidad, por torcida que se vean.

Esto es más complejo que una potencia global como es el Reino Unido cerrando su parlamento por un mes, y en la idea de que dejar la Unión Europea sea un asunto sin graves consecuencias para todos. Esto es mucho más, porque tiene que ver con el contenido material de lo que una democracia significa. Steven Levitsky, profesor de Harvard, sostiene que existen los autoritarismos competitivos por medio del cual países tienen elecciones y operan como si fueran democracias, pero no tienen los demás componentes de participación y contestación. Ese es el riesgo. Que la democracia siga perdiéndose porque aunque hay elecciones, la voluntad popular se tuerce de todas las formas posibles. Desde la intervención de Cambridge Analytica y su oscuro manejo del big-data previo al referéndum de 2016, hasta la torcida interpretación de la norma para hacer la voluntad propia, todos los elementos del deterioro de la voluntad popular se percibe por todos lados.

En eso Bercow seguramente no pudo más. Convertido en una estrella mediática sin quererlo por su manera de dirigir los debates en el Parlamento, su historia de servicio público y parlamentario lo avalan. Es, como todos han señalado, un amante de la democracia. No sugiero que Johnson sea necesariamente un autócrata ni mucho menos. Pero dejar cerrado el parlamento por un mes para lograr lo que se quiere es un primer paso en la dirección incorrecta. Cuando el Reino Unido tiene un problema como el que discutimos, el asombro como motor está en riesgo de ser perdido de manera permanente. Ojalá que no lo perdamos.