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Fase uno Acuerdo EE.UU.-China

Este miércoles 15, los ojos del mundo estarán puestos en Washington, ciudad hasta donde viajará el viceprimer ministro chino, Liu He, para firmar –después de meses de negociaciones– la primera fase del acuerdo que pone fin a la guerra comercial entre Estados Unidos y China. Según Jorge Sahd, director del Centro de Estudios Internacionales de la Universidad Católica, el mayor valor del acuerdo reside en que pone fin a la escalada arancelaria entre ambas potencias económicas. Sin embargo, Sahd también plantea que se trata de un pacto frágil y cuyo alcance es limitado.

En conversación con PAUTA Bloomberg, el abogado explica que el documento que se firmará el miércoles tiene 86 páginas y es mucho menos extenso que otros pactos equivalentes, además de hacer menciones más bien generales a los asuntos que busca resolver. "Este acuerdo [...] tiene un alcance limitado. Hay temas mucho más de fondo en propiedad intelectual, en el llamado capitalismo estatal chino, que van a seguir pendientes, que son los grandes temas estructurales que busca modificar EE.UU.", comenta. Sahd explica que, por ejemplo, en materia de solución de controversias el comunicado solo hace una mención, en la cual establece que ambos países deberán resolver sus conflictos comerciales de manera justa, sin definir árbitros ni terceras partes. 

Fragilidad y escepticismo

Es por razones como la anterior que diversas autoridades norteamericanas se han mostrado escépticas del verdadero alcance del texto. Entre ellas está la expresidenta de la Reserva Federal estadounidense, Janet Yellen, quien aseguró el lunes 13 que la guerra comercial entre ambas potencias no ha terminado y que la disputa tecnológica puede representar un riesgo significativo.

Sahd comparte ese escepticismo. "Este acuerdo es frágil y tiene un alcance muy limitado por varias razones", señala. Entre ellas enumera precisamente la rivalidad tecnológica entre ambos países. "Eventualmente podríamos tener en el futuro una suerte de guerra fría tecnológica, con un desarrollo chino incompatible con el desarrollo americano", comenta Sahd. Otro factor que hace que el acuerdo sea endeble es el político. Sahd afirma que los planes nacionalistas de ambos países, bajo el eslogan de Made in China 2025 en el caso del gigante asiático y el America First norteamericano, le han significado réditos políticos a sus respectivos gobiernos. 

"Generan un sentimiento nacionalista y anti el otro país que es rentable políticamente para ambos países. Por lo tanto, en la época electoral que vamos a tener este año, no hay ningún incentivo para anunciar un acuerdo definitivo más allá de las señales económicas y de incertidumbre, porque acá en definitiva estamos frente una rivalidad estratégica entre ambos países y eso va a mantenerse", sostiene Sahd. En ese sentido el abogado comenta que esa debiera ser la tónica de la próxima década, en la cual se mantendría la rivalidad entre ambos, aunque ésta debiera conducirse en ciertos canales y niveles. 

Segunda fase: ¿temas de fondo? 

Las dudas respecto de la primera fase del acuerdo se extienden también a la segunda parte, la cual según Donald Trump se comenzaría a negociar tras las elecciones presidenciales de noviembre. Según comenta Sahd, uno de los objetivos del presidente estadounidense es abordar temas más de fondo en esta segunda instancia. Entre ellos están el llamado capitalismo estatal chino, el cual ha ido creciendo en ese país. Sahd explica que lo anterior se traduce como el apoyo que el Gobierno chino le brinda a las empresas públicas de ese país, las cuales luego compiten globalmente con otras que no tienen esos beneficios tales como subsidios, créditos otorgados con condiciones más favorables, etcétera. 

Sahd explica que cambiar temas como los anteriores, o los ligados a la propiedad intelecutal o a la exigencia a los inversionistas extranjeros de tener un socio local cuando invierten en el país, implican un cambio importante para el modelo económico chino. "Es difícil que eso sea en el corto plazo", sostiene Sahd.

El experto agrega que si bien China ha hecho concesiones y cumplido con determinados compromisos, –sobre todo al ingresar a la Organización Mundial de Comercio– es difícil que el país ceda en su modelo de desarrollo económico, el cual está marcado por esta mayor intervención estatal en las compañías públicas. 

Preocupación por el crecimiento 

Detrás de lo anterior está la preocupación interna, pero también mundial, por el crecimiento chino, el cual impactado por los efectos de la guerra comercial creció en el tercer trimestre de 2019 un 6%, su menor ritmo desde 1992. Al respecto, Sahd plantea que el acuerdo entre ambos países sería una buena noticia para China, por su dependencia en las exportaciones. 

"Esto es un alivio para las cifras económicas. Y recordemos también que China está en un proceso de reconversión de su economía, tratando de orientarla más a los servicios y al consumo interno que a la exportación. En otras palabras, quiere ir haciéndose menos dependiente, sobre todo de EE.UU.", explica.  Sin embargo, aun así para este año las autoridades prevén una expansión de la economía de es país por debajo del 6% en 2020, con un crecimiento de apenas 5,8%.