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Coronavirus y Respuesta Multilateral

¿Qué tiene en común Apple, las exportaciones chilenas o la liga de fútbol de Italia? Todos han sido víctimas del coronavirus chino o Covid-19. La gigante electrónica ha anunciado pérdidas para el primer trimestre, debido a su alta dependencia a las cadenas de valor chinas; nuestras exportaciones ya han retrocedido un 17% la primera quincena de febrero; y los futboleros no pudimos ver la puesta a punto de Alexis Sánchez antes de las eliminatorias, por la suspensión de la liga italiana. El Coronavirus ya no es un problema de China, sino un asunto global.

 Es tarde para debatir la rapidez con la que el gobierno chino enfrentó la situación o la transparencia en la entrega preliminar de información sobre la crisis. Hoy estamos frente a un problema global, tanto a nivel sanitario por su creciente programación más allá de las fronteras chinas, como por el impacto de una economía que explico un tercio del crecimiento mundial en 2019. El Coronavirus ha costado la vida a más de dos mil personas y los contagiados superan 70 mil. En materia económica, el crecimiento de China para este año superaría levemente el 5%, anticipando otro año de débil desempeño para el comercio, bolsas mundiales a la baja y commodities como el cobre o el petróleo transandose a precios bajos.

En Chile, en tanto, mientras nos desgastamos en restablecer el orden público, aislar a los grupos violentistas y contener los ánimos refundacionales, silenciosamente el Covid-19 va asentando un nuevo golpe a nuestra debilitada economía. Como principal socio comercial, China nos recuerda nuestra alta dependencia de esa economía e introduce un elemento adicional a nuestro complejo y enredado escenario doméstico.

Entonces, ¿cómo se enfrenta el coronavirus? Como problema global, se requiere respuestas globales. La ecuación suena obvia, pero el mundo actual no lo es. Con alianzas históricas debilitadas, un conflicto geopolítico de Estados Unidos y China latente, y el cuestionamiento al multilateralismo, cualquier acción colectiva se hace más difícil. Instituciones como la OTAN, la Organización Mundial de Comercio o las Naciones Unidas han perdido fuerza y relevancia en los últimos años. Como advirtió en 2019 la consultora de riesgo político Eurasia, los líderes mundiales está tan ensimismados en sus asuntos políticos locales, que se ha generado una suerte de vacío de liderazgo para abordar problemáticas globales.

Pero esta dificultad es también una oportunidad para levantar el alicaído multilateralismo. No cualquier multilateralismo, sino uno efectivo (con mayúsculas). Uno que establezca protocolos claros para enfrentar adecuadamente el virus. Uno que fije las reglas comunes para que países puedan re localizar con mayor facilidad sus productos en terceros países, como viene buscando nuestra asociación de exportadores. Uno que facilite el diálogo entre las Aduanas para simplificar la tarea administrativa en un comercio golpeado.

En definitiva, un multilateralismo que haga más resiliente a los Estados Unidos frente a este tipo de crisis y flexibles frente ante cambios de escenarios. Sin acción colectiva, la respuesta al Coronavirus no será efectiva.

El desafío no es menor, porque veremos un mundo cambiado en la dirección contraria. Más dividido, menos colectivos y con cada país enfocado con sus asuntos internos. Sin imaginarlo, el multilateralismo tiene una oportunidad de oro para resurgir a partir de esta crisis sanitaria.

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