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¿Ética de paréntesis?

Las noticias que llegan desde Europa son un presagio de los problemas que deberá enfrentar el sistema sanitario chileno, entonces debemos debatir. Pienso en los dilemas morales que significará satisfacer las necesidades hospitalarias de pacientes Covid críticos, el acceso a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) y a ventilación prolongada. La pandemia ha obligado a una suspensión de cirugías electivas y cerrar otros servicios a favor de la atención por Covid-19. Pero también a decidir “qué pacientes reciba atención preferencial” y quienes no.

El dilema, en concreto, está radicado en definir si el sistema ético de la medicina occidental y en tiempos de normalidad, que establece límites morales vinculados a valores sociales sustanciales se puede seguir usando durante esta crisis. Muchos hospitales, tanto en Italia como en España, han decidido distinguir, para aquello, entre sistemas éticos de normalidad y abundancia y “una medicina de desastre” o la llamada ética de “paréntesis”, optando por las intensas y profundas consecuencias de esta última. Dice la experiencia de Italia, que en momentos difíciles, se ha cruzado el límite del cuidado del paciente individual por una ética del “de salud pública”. En un escenario de “medicina de desastre” se ha usado una ética del paréntesis basada en un “utilitarismo moderado”, que justificaría negar el ingreso por la edad, o por el orden de llegada, o a pacientes discapacitados. Pero ¿es justo y moral que, en la búsqueda de salvar la mayor cantidad de vidas posible, se termine salvando la mayor cantidad de jóvenes posible?

Me parece que la respuesta debe estar orientada por un equilibrio que no es incompatible entre el cuidado personal del enfermo y la ética de la salud pública. El límite lo provee la dignidad humana y que exige de cada uno y, en especial, del Estado, una comprensión de que “nadie sobra”. Cada uno de los ciudadanos de esta patria cuenta. Aquello implica que no es tiempo de éticas de “paréntesis” que-como en los negocios- busquen alcanzar frías maximizaciones basadas en cálculos consecuencialistas. Por el contrario, es el momento del “trato justo y digno”.

Aquello, sin embargo, no niega la necesidad de utilizar los recursos escasos de la manera más eficiente posible, al punto de que éstos deban ser distribuidos entre aquellos con posibilidades de ser curados. Sin embargo, rechaza adoptar para aquello criterios que generalizadamente discriminen por la edad u otros criterios que generalizadamente discriminen por la edad u otros criterios accesorios como la discapacidad, la condición social, el origen y otras. Aquello significa que, mientras existan posibilidades de que el mecanismo clínico para un paciente concreto, incluso, con dificultades aumente las probabilidades de sobrevida, no se puede negar por condiciones accesorias.

Solo una opción profundamente humanista nos permitirá seguir mirándonos las caras una vez que esta pandemia haya cesado.