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Diplomacia y desafíos corporativos: Necesitamos informes y también KPIs

¿Qué relación podrían tener diplomacia y empresa? ¿En qué pueden ayudar los diplomáticos, como intermediadores formales en la internacionalización de las empresas de nuestros países? ¿Cuál es valor agregado de las relaciones exteriores al mundo corporativo?

La Diplomacia suele ser un concepto sobre el cual se habla mucho y se sabe poco. El enfoque tradicional ha institucionalizado el ejercicio diplomático como si éste fuera monopolio de los Estados y sus agencias. Los cambios generados por la desmaterialización de las estructuras de poder y el nuevo papel de la información en el juego democrático, como elemento de legitimación de las políticas, han terminado con espacios inmunes al insoslayable escrutinio público.

Algo similar ha ocurrido con las empresas que hoy deben enfrentar nuevos desafíos propios del entorno global en donde los impactos corporativos no tienen un mismo punto de partida y término. Y esto se expresa en ciclos virtuosos o cadenas de errores. Ahí están los efectos contra cíclicos de crisis internacionales en diversos mercados, la indexación en los vaivenes de bolsas de comercio o la ola de alianzas, fusiones y consolidación de industrias que permiten competir de
manera más eficiente a nivel regional como ha ocurrido con el transporte marítimo y aéreo.

Y es que la globalización ha puesto fin a los compartimentos estanco, miradas lineales o divisiones binarias. La escena actual es más compleja, diversa y dinámica y el reto para los actores públicos que lideren procesos internacionales está en levantar agendas compartidas con grandes “zonas achuradas” que nos permitan identificar ganancias “paretianas”. En el caso de Chile el ejemplo más evidente son las políticas públicas en materia de concesión de infraestructura, especialmente vial y portuaria, el tránsito hacia modelos concesionales en cárceles y hospitales y el Sistema de Alta Dirección Pública ( ADP) que ha permitido refrescar el Estado bajo la lógica de promoción por competencia e importar talentos desde el sector privado. Esto último es especialmente relevante ya que las habilidades y competencias de lo público y privado deben complementarse, al provenir de lógicas distintas.

En todo esto la Diplomacia debe sumar, a su polivalencia de siempre, un papel de conexión y “escucha activa” de los intereses de la sociedad civil globalizada y “exportación no convencional” de capacidades y políticas. Así nuestra cooperación internacional y promoción de intereses comerciales ya no sólo transfieren conocimientos y recursos sino que tienden a colocar en la oferta del interés nacional lo mejor de nuestras reformas al Estado y el capital humano que se ha
dedicado a su formulación y ejecución.

Nuestros diplomáticos también están invitados a este desafío ya que el uso de nuevas tecnologías de la información, la maduración y seguimiento de un networking empresarial efectivo y la exploración permanente de nuevas áreas y oportunidades con fines públicos son una guía de acción obligada para no caer en la prescindencia o inutilidad. 

Ya no basta con hablar idiomas, tampoco las representaciones formales. Los nuevos tiempos demandan cosmovisión, dinamismo y una cuota de “arrojo” en un entorno altamente cambiante en donde los paradigmas del mandato tradicional del Estado han caído. Las burocracias paralizantes y los ritos, incluso en el más formal de los oficios como el diplomático, han sido en la práctica superadas por el dinamismo de las redes, el comercio y, en definitiva, por nuevas demandas y tiempos de reacción.

Quedarnos debajo de esta cultura implica no sólo subutilizar capacidades públicas, que deben tener métricas de revisión, sino también no asumir que el desafío empresarial es una asignatura País que una Diplomacia moderna debe abordar, en actualización de sus destrezas y conocimientos.

El ADN del buen diplomático del mañana estará marcado por la capacidad de adelantar tendencias globales e innovar permanentemente en su trabajo. Un buen profesional de las relaciones exteriores será quien “lea tempranamente” ambientes en evolución y quien pueda demostrar también su contribución a indicadores de desempeño como exportaciones FOB, balanza comercial, ambientes de negocios, certeza jurídica, niveles de IED o expansión exportadora de PYMES.

En todo esto los empresarios tienen mucho en que aportarnos.

* Francisco Cruz F. es Abogado PUC y Embajador de Chile en Panamá