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Cambio de estrategia: Bolivia y la comunidad internacional

El domingo 11 de marzo se produjo el cambio de mando en el Congreso Nacional de Chile, instancia que el presidente de Bolivia, Evo Morales, aprovechó para hacer un llamado público a la fraternidad y referirse a la impostergable necesidad que Chile y Bolivia tienen para reencontrarse y superar sus diferencias en base al diálogo y la negociación. Todo esto en una rueda de prensa que se llevó a cabo en el aeropuerto de Santiago, minutos antes de su regreso a Bolivia y leído desde unas hojas de papel.

Hasta un par de días antes del evento, y por al menos un par de años, Evo Morales posicionó un discurso en torno a la unidad nacional boliviana y empleó una estrategia de confrontación hacia Chile, primariamente mediante sus redes sociales: #MarParaBolivia es la consigna.

Es imperativo comprender que en política pocas palabras son emitidas sin razón y el espacio para la improvisación es mínimo, especialmente en discursos públicos: el Presidente Evo Morales cambió de estrategia.

El acceso soberano al Océano Pacífico no está en juego. Incluso si la Corte Internacional de Justicia (CIJ) falla a favor de Bolivia, la obligación será de negociar, pero la CIJ no versará sobre resultados. ¿Qué hay en juego entonces? ¿Qué puede ganar Evo Morales y Bolivia? Plantearé dos hipótesis.

La primera de ellas ha sido tratada en alguna medida por otros analistas, y es que el presidente Morales busca aumentar su grado de legitimidad con la ciudadanía Bolivia: el empleo de la política exterior con fines de política interna. Lo anterior no es azaroso, sino que se enmarca en el anuncio del Presidente Evo Morales de su candidatura a un cuarto periodo presidencial para la elección de 2019, lo cual fue autorizado por el Tribunal Constitucional de Bolivia a pesar de contravenir a la Constitución del Estado Plurinacional. Es más, mediante sus redes sociales Evo Morales ha expresado su simpatía hacia Vladimir Putin y la Canciller de Alemania, Angela Merkel, situándolos como ejemplos de que la continuidad garantiza estabilidad y desarrollo económico para los Estados.

La segunda hipótesis responde al giro discursivo que ha mostrado el presidente Morales. Como se mencionó, la soberanía no está en juego en este juicio de la CIJ, razón por la cual la ganancia para Bolivia es de orden simbólico-discursivo en el corto plazo, y de posición negociadora en el mediano y largo plazo.

En el corto plazo, el relato del presidente Morales busca generar simpatía internacional, tanto a nivel de Estados como de sociedad civil. La reivindicación por una salida soberana al mar, y una eventual negociación, se desarrollaría en un marco internacional de empatía y simpatía por la demanda marítima. El presidente de Bolivia busca extender su relato y generalizarlo en la comunidad internacional.

Lo anterior nos lleva a la ganancia de mediano y largo plazo: una mejor posición negociadora para Bolivia. Chile ha adquirido importante prestigio internacional en los últimos años, lo que se ha visto reflejado en el acompañamiento del finalizado proceso de paz entre el Gobierno de Colombia y las FARC-EP, el desempeño como país garante del proceso de paz entre el mismo gobierno y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), el liderazgo ejercido en la firma del Comprehensive and Progressive Agreement for Trans-Pacific Partnership (CPTPP o TPP11), entre otros.

El prestigio internacional de Chile es un elemento para considerar en una eventual negociación entre ambos Estados, especialmente en un marco de simpatía internacional por la reivindicación boliviana. Por otra parte, la cesión de soberanía marítima por parte de Chile podría tensionar la aprobación y legitimidad interna del gobierno que lleve adelante dichas negociaciones. En consideración de esos elementos, la posición negociadora de Bolivia asoma como ventajosa ante un Chile que busca evitar la cristalización de ese escenario mediante un fallo favorable por parte de la Corte Internacional de Justicia de La Haya.

Fuente: La Tercera