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Malestar en América Latina

No han sido semanas fáciles para América Latina. A las protestas en Ecuador por la eliminación del subsidio a los combustibles se sumaron las manifestaciones en Chile por el alza de las tarifas del metro -que terminaron en un llamado más amplio por reformas- y luego Bolivia se volcó a las calles ante las dudas sobre la transparencia del proceso electoral con el que Evo Morales buscaba un cuarto mandato.

La escalada de la violencia llevó a que el presidente boliviano renunciara el domingo, tras el llamado de las Fuerzas Armadas y la policía para que abandonara el cargo. Ayer, México concedió asilo político al exmandatario porque “su vida corre peligro”, informó el canciller mexicano, Marcelo Ebrard, quien le pidió un salvoconducto a La Paz para concretar el viaje.

Por su parte, la presidenta en ejercicio de la Asamblea Legislativa, Jeanine Añez -quien asumió ante la renuncia de los presidentes del Senado y la Cámara de Diputados-, convocó hoy a una sesión extraordinaria para tratar la renuncia de Morales, en un intento por encauzar el vacío institucional.

Pero más allá de la situación local, la crisis boliviana pone de relieve un movimiento ciudadano que se ha ido expandiendo por Latinoamérica. El propio presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo ayer que la renuncia de Morales marca un hito para la democracia regional. “Estos acontecimientos envían una fuerte señal a los regímenes ilegítimos en Venezuela y Nicaragua de que la democracia y la voluntad del pueblo siempre prevalecerá”, aseguró.

El director del Centro de Estudios Internacionales de la Universidad Católica (CEIUC), Jorge Sahd, dijo a DF que estos movimientos sociales tienen un componente común.

Hemos visto movilizaciones sociales en Ecuador, Chile y Bolivia ¿Qué tienen en común? ¿Es una protesta en contra del abuso de poder?

La principal novedad ha sido la rapidez de los estallidos y los niveles de violencia. Hay una mayor frustración y sensación de fragilidad en la región, acelerado por el estancamiento económico de los últimos años.

Los mayores niveles de rechazo y desconfianza a las instituciones claves para la democracia, el término del súper ciclo de los commmodities y Estados con poco margen de acción por sus elevados niveles de deuda pública, han creado un cóctel explosivo para desatar la rabia.

Lo que estamos viendo ¿es un fenómeno global o sólo regional?

El fenómeno tiene una parte global, caracterizada por los grupos que se sienten postergados de los beneficios generados por la globalización, que ha sacado de la pobreza a parte de la población como nunca se había hecho en la historia

Pero también tiene un componente regional, con el cambio de la sociedad latinomericana, por la incorporación de millones de personas que dejaron la pobreza y pasaron a la clase media. Esto ha significado un cambio en sus demandas sociales, políticas y económicas, que los gobiernos han tenido dificultades para leer

Estancamiento económico

¿Qué factores fomentaron las crisis? ¿El bajo crecimiento económico? ¿La guerra comercial?

Hay factores de orden interno, como las políticas de ajuste del Fondo Monetario Internacional en Ecuador, o la percepción de corrupción generalizada en Perú. Sin embargo, encontramos también elementos comunes que generan una tormenta perfecta: estancamiento económico, mayores expectativas de las nuevas clases medias y creciente desconfianza en las instituciones claves para la democracia. Esto hace que hoy sea mucho más complejo gobernar frente a sociedades más impacientes, con una multiplicidad de demandas, y con una carga más emocional que ideológica, más allá del interés de ciertos grupos político de capitalizar las crisis a su favor.

Dónde se puede producir el próximo estallido? Ya hay señales de desestabilización social en Colombia.

Vemos una región con una creciente inestabilidad que ha enfrentado 15 elecciones presidenciales en sólo tres años. Colombia ha tenido dificultades en sus relaciones con exguerrilleros y nuevos brotes de grupos, además de un mayor descontento con la situación económica y política del país.

Pero también debemos ver las señales de Argentina con la dupla Fernández en el poder y el posible retorno del kichnerismo, lo cual también podría ser fuente de inestabilidad. La debilidad institucional crónica de América Latina la hace más vulnerable a eventos de inestabilidad política.

¿Cómo se puede abordar esta crisis generalizada en América Latina de forma regional? ¿Qué instituciones han fallado?

No hay una salida única a la crisis, porque cada país tiene sus propios problemas y una heterogeneidad de demandas. Para abordar esta crisis de “lo público” veo como camino el fortalecimiento de las instituciones, que sienten las bases de una mayor estabilidad en el tiempo. Eso significa la defensa de la democracia como sistema de gobierno, actualizar aquellas instituciones que han ido quedando obsoletas , un combate decidido a la corrupción y generar condiciones para un sistema económico con mayor igualdad de oportunidades y movilidad social de las personas.

Fuente: Diario Financiero