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La pandemia proteccionista

Como en la mayoría de las crisis económicas globales, el proteccionismo cobra fuerza en el imaginario colectivo. Las altas tasas de desempleo, incertidumbre extrema y frustración de la población con terreno fértil para exacerbar nacionalismos y aplicar medidas proteccionistas como una falsa ilusión de mayor seguridad.

Sería ingenuo pensar que el proteccionismo moderno ha sido causado por el coronavirus, pero la historia muestra que muchas veces las reacciones a las crisis son mayores barreras a la economía. La Gran Depresión del 29 tuvo como respuesta la Ley Hawley-Smoot, que elevó unilateralmente los aranceles de Estados Unidos a las importaciones; mientras que la crisis financiera de 2008 significó cientos de medidas que obstaculizaron el comercio y los mercados financieros, a pesar del compromiso de los países del G20 de evitarlos. En nuestra versión criolla, la oposición al TPP como símbolo de la globalización, o los llamados de algunos parlamentarios de volver a la fracasada receta de la “sustitución de importaciones”, nos recuerdan que la amenaza proteccionista también está en casa.

Durante la pandemia del Covid-19, más de 50 países han impuesto restricciones en las áreas de salud o alimentos, incluyendo prohibición a las exportaciones lideradas entre otros, por EEUU, Rusia o países de la Unión Europea. Por si fuera poco, Donald Trump amenaza con librar una nueva guerra comercial con China, por incumplimientos del acuerdo firmado a fines del año pasado. Todas acciones con réditos políticos de corto plazo, pero con daños a mediano y largo.

La retórica actual ayuda a exacerbar el proteccionismo. Bajo la doctrina del “salvence quien pueda”, algunos líderes hablan de “batalla nacional”, las potencias caen en el juego de las recriminaciones mutuas y el desprecio por lo multilateral se hace patente. Expresiones como “cooperación global” o declaraciones como las del G20 de hacer todo lo posible para evitar la disrupción del comercio, pierden fuerza.

Culpamos a la globalización y ofrecemos el proteccionismo como el gran “protector” de las naciones.

Los hechos tampoco ayudan. La pandemia ha revelado la vulnerabilidad de las cadenas globales de suministro, por la cada vez mayor dependencia de los países de China. A su vez, el órgano llamado a solucionar los conflictos comerciales, la OMC, se ve extremadamente débil y sin el apoyo de su actor principal, Estados Unidos. Si el comercio mundial ya mostró un débil desempeño en 2019 y una disrupción este 2020, el futuro puede agregarle una un nuevo golpe por respuestas proteccionistas más allá de los sectores de salud y alimentos. Así lo expresan empresas multinacionales con presencia en EEUU, donde un 69% cree que las economías avanzadas aplicarán mayores barreras al comercio y la inversión, según el Global Business Alliance.

Generar un cambio en la interdependencia global no será de la noche a la mañana. A pesar de la transición de su economía, China sigue siendo el principal demandante de materias primas del mundo y exportador de bienes intermedios. Lo que sí podemos observar es una narrativa distinta, donde conceptos como empresas estratégicas, seguridad nacional o de dependencia de China, serán utilizados para fines proteccionistas. Mientras tanto, los esfuerzos de las potencias por desacoplarse tecnológicamente y financieramente seguirán su curso, aprovechando una mayor fragmentación del orden internacional.

La pandemia proteccionista apunta a buscar culpables y uno de sus favoritos es la globalización. La misma que la población disfruta día a día, que permite conectar personas , bienes y servicios, pero que hoy sufre un golpe a su legitimidad.

Fuente: Diario Financiero