Lula da Silva ha perdido algo muy importante: la narrativa con la que se manejó en la campaña.'
Sin margen de discusión y sin denuncias de irregularidades, el voto popular en Brasil ha terminado por propinarle este domingo un varapalo al proyecto del octogenario Luis Inácio Lula da Silva de acceder a un cuarto periodo presidencial, algo no registrado desde que la democracia regresó a este país sudamericano hace cuatro décadas.
Con el 99,20% de los votos escrutados para la Presidencia y en un resultado que el Tribunal Supremo Electoral dictaminó era matemáticamente irreversible, tres horas de cerrarse las urnas, el senador Flávio Bolsonaro del Partido Liberal (PL) e hijo del expresidente Jair Bolsonaro, una suerte de némesis de Lula da Silva, se hizo con un sorpresivo triunfo al quedar en primer lugar con el 47,15% de los votos, mientras que el presidente de izquierdas, en busca de reelección, alcanzaba el 45,02%. Habrá balotaje en tres semanas.
La distancia en torno a los 2% confirmó el pronóstico que el politólogo y experto en elecciones Daniel Zovatto había adelantado: una segunda vuelta con Bolsonaro a la cabeza, lo cual contradecía el retrato que las principales encuestadoras dibujaron hasta la víspera.
Otros cinco candidatos, todos conservadores o antiizquierda, quedaron todos por debajo cada uno del 3% y allí podría Bolsonaro aumentar su caudal electoral de acuerdo con alianzas que logre tejer en los días venideros. La abstención quedó en torno al 21%. El mapa político de Brasil, según observadores, es bipolar: dos nombres concentran más de nueve de cada diez votos válidos, pero el orden de llegada invierte lo que los sondeos habían anunciado durante meses.
Desde mayo, Lula da Silva aparecía por delante en prácticamente todos los sondeos de intención de voto. En la recta final la brecha se estrechó hasta el empate técnico, pero el presidente siguió figurando primero. La víspera, la revista Veja analizó las últimas mediciones de cinco institutos. En ninguna encuesta aparecía Bolsonaro a la cabeza.
El electorado real, en cambio, ya entregó al senador una delantera en las urnas que las encuestas no habían logrado anticipar.
Según apuntan analistas, Lula da Silva no perdió la Presidencia este domingo, ya que sigue en el Palacio de Planalto hasta el 1 de enero, cuando se cumplan cuatro años de su tercer gobierno. Y, matemáticamente, conserva la posibilidad de reelegirse dentro de tres semanas. Sin embargo, ha perdido algo muy importante: la narrativa con la que se manejó en la campaña. A los 80 años, en busca de un cuarto mandato, el presidente izquierdista había construido la imagen de un favorito que administraba la ventaja.
El resultado parcial lo coloca segundo, por detrás de un senador de 45 años que heredó el apellido, el partido y la base de su padre, Jair Bolsonaro, hoy preso sentenciado por un intento de golpe de Estado, además de estar inhabilitado político, en decisiones tomadas por el magistrado Alexander de Moraes, un archirrival del expresidente conservador.
En 2022 Lula da Silva ganó la primera vuelta con el 48,4% frente al 43,2% de Jair Bolsonaro; sin embargo, este remontó en el balotaje para quedar de segundo, aunque con un resultado muy ajustado. Ahora el orden se invierte y el margen es similar, pero a la inversa. Las primeras lecturas de la noche electoral apuntan a un techo: el presidente de Brasil y fundador de Partido de los Trabajadores (PT) no logró convertir en voto la ventaja que los sondeos le atribuían y los votos alcanzados parecen ser, en verdad, su techo.
Flávio Bolsonaro, en cambio, superó el techo que le asignaban las mismas encuestas. Para la segunda vuelta, el senador conservador podrá medrar del voto obtenido por los candidatos que quedaron rezagados, pero allí nadie es de izquierda, por lo que Lula da Silva no tendrá capacidad de captar votos. Su gran apuesta será movilizar a izquierdista descontentos con su Gobierno que decidieron no votar este domingo.
La segunda vuelta brasileña tiene una regularidad que los analistas han recordado. Desde el fin de la dictadura, en el modelo de balotaje, ningún candidato que haya ganado en la primera vuelta ha sido derrotado en la segunda y definitiva votación. El politólogo Creomar de Souza lo señaló en una entrevista con BBC Brasil: no hay precedente de remontada presidencial en segunda vuelta.
En el estado de São Paulo, Tarcísio de Freitas —aliado de Jair Bolsonaro— se reeligió con holgura. Michelle Bolsonaro, ex primera dama, aseguró una banca en el Senado por el Distrito Federal. En el estado de Rio de Janeiro, el compañero de Bolsonaro en el Partido Liberal, Douglas Ruas, obtuvo casi el 50% de los votos. En varios estados del Sur y del Centro-Oeste las opciones conservadoras y liberales consolidaron posiciones de gobierno. Lula da Silva, en tanto, conserva el Nordeste y parte de las periferias de las grandes ciudades, pero necesita abrir una brecha diferente y en apenas tres semanas.
El efecto de "caballo ganador" y el de "voto útil" contra el PT pueden mover décimas en las próximas semanas.
Finalmente, para los analistas resultan relevantes el escenario económico y el desgaste de la gestión de Lula da Silva como peso muerto. La campaña de Flávio Bolsonaro centró el tramo final de la campaña en el precio de los alimentos y en el rechazo al PT (asociado con escándalos de corrupción). Lula da Silva llega a la segunda vuelta con la carga de quien ya gobierna. A los 80 años, además, la edad es un tema de conversación pública, aunque ninguno de los dos campos lo haya convertido todavía en el eje del debate electoral.