Daniel Zovatto habla de “superciclos electorales” para definir los estadios ideológicos que se han ido alternando en América Latina. El politólogo argentino y director de Radar LATAM 360 reconoce cuatro grandes períodos en este siglo, comenzando por la llamada “Marea Rosa”, de 2000 a 2013, cuando gobiernos de izquierda y centroizquierda dominaron los principales países de la región impulsados por los altos precios de las materias primas; luego el péndulo se fue a la derecha, pero se trató de una ola corta, y después arremetió una segunda “Marea Rosa”, aunque más disminuida, con menos recursos y Presidentes menos populares que no lograron dar continuidad a sus proyectos.
“Estos están siendo sustituidos ahora por gobiernos de derecha, en lo que yo llamo —como The Economist— la ‘ola naranja’, por el color de piel del Presidente Donald Trump. Con su regreso en EE.UU., comenzamos a tener una sucesión de éxito tras éxito de gobiernos de derecha. Y acá hay una primera interrogante: ¿hay una opción clara de ir hacia la derecha, o en parte esta opción está motivada por el voto de castigo a los oficialismos? En la mayoría de los casos, sí, aunque no en todos. Hemos tenido en los últimos años 16 elecciones presidenciales, y en 13 ganó la derecha”, dice. “Lo que estamos viendo es que el péndulo, en este cuarto superciclo de estos 26 años, se está desplazando masivamente hacia la derecha. Es una reconfiguración muy importante en América Latina, porque hasta hace apenas cuatro años las seis principales economías de la región estaban en manos de gobiernos de izquierda”, señala.
“Hasta hace poco, la lectura de que la derecha seguía ganando elección tras elección se compensaba diciendo: sí, cuantitativamente la derecha va ganando, pero cualitativamente el 70% del PIB y más del 60% de la población seguían gobernados por izquierda o centroizquierda —por México, Brasil, luego Colombia y, hasta hace poco, Chile, y después Uruguay y Guatemala—. Bueno, eso se fue reduciendo. Por eso la elección que viene el 4 de octubre en Brasil es la madre de todas las elecciones, porque lo que pase ahí va a terminar de reconfigurar el mapa político latinoamericano”.
—¿De qué manera este ciclo derechista es diferente al anterior, hasta 2021?
“Tenemos una diversidad de derechas; no hay un solo modelo. Y tenemos una diversidad de liderazgos dentro de la derecha. Lo nuevo en este último superciclo es que en varios países está ganando una derecha que está a la derecha de los líderes tradicionales de derecha. Es decir, Javier Milei a la derecha de Mauricio Macri. Y de una manera u otra, compitiendo con ese espacio y tratando de cooptarlo. Abelardo De la Espriella compitiendo y derrotando a la candidata de Álvaro Uribe. Aquí, la candidata tradicional de la derecha, Evelyn Matthei, fue sustituida en términos electorales por el candidato que estaba a su derecha, José Antonio Kast.
“Entonces, lo que hemos visto es que este regreso de la derecha está trayendo, en muchos casos, una derecha que está a la derecha de lo que era el espacio de derecha tradicional. Pero aun dentro de ella hay diferencias importantes. No es lo mismo la posición de Milei, la de Nayib Bukele hasta cierto punto, la de Daniel Noboa —vamos a ver qué sorpresa nos trae De la Espriella— que la de un liderazgo como Keiko Fujimori, que es una derecha sin los rasgos histriónicos ni el lenguaje agresivo. O la de Kast”.
—¿Cuánto podría durar este ciclo? Porque se esperaba que el anterior fuera largo, y no lo fue.
“Esa es la gran pregunta. De los tres ciclos que ya pasaron, solo uno fue largo: la Marea Rosa del 2000 a 2013, beneficiada en gran medida por el alto precio de las materias primas, que dio a esos Presidentes buenos recursos para hacer políticas sociales, y con liderazgos muy protagónicos. Por eso la segunda Marea Rosa, sin esos recursos, sin viento de cola exterior y con liderazgos más disminuidos, no duró más de un ciclo de cuatro años.
La pregunta es cuánto va a durar esta. Yo creo que lo que estamos viendo es una mezcla: por un lado, un voto de castigo a los oficialismos; y por otro, sí creo que hay sectores de la sociedad buscando soluciones en esta nueva derecha sin complejos. Un tema central es la demanda de seguridad ciudadana, que los gobiernos de izquierda no han sabido resolver de manera oportuna y eficaz, y que es prioritario para la ciudadanía. Esta nueva derecha parece estar mejor preparada —en principio— para dar resultados, a través de una fórmula que es la ‘bukelización’ de la política de seguridad: poner a los militares en un rol mucho más protagónico en materia de seguridad interna (…).
Mi opinión es que América Latina entró de lleno en lo que yo llamo la era de la política de resultados. La gente quiere resultados lo más rápido posible. El gobierno que llega haciendo promesas y generando expectativas no tiene luna de miel ni cheque en blanco. Tiene el beneficio de haber reunido votos suficientes para ganar, pero eso se complica cuando ganas en segunda vuelta, porque ganas con votos prestados —gente que no te vota porque te quiere, sino como voto de castigo al otro—. Y por lo general no tienes mayoría propia en el Congreso, con lo cual necesitas coaliciones difíciles para tener gobernabilidad. Si no das resultados rápidos, oportunos y eficaces frente a esas demandas y promesas de campaña, el castigo es inmediato: se expresa en la impopularidad de las encuestas (…)”.
Si no dan resultados, es altamente probable que el péndulo vuelva a desplazarse. El tema es hacia dónde: ¿más a la derecha de la derecha? ¿Hacia la izquierda? ¿O volveremos a encontrar candidatos de centro? En todas estas elecciones, todo candidato que jugó en el centro perdió”.
El complejo momento de la izquierda regional
Al mirar al otro lado del espectro ideológico, Zovatto destaca que las “izquierdas más icónicas” de la región están hoy en una profunda crisis. Es el caso de la “dictadura familiar de Daniel Ortega y Rosario Murillo en Nicaragua, donde se está construyendo una Corea del Norte en pleno corazón de Centroamérica”. Luego está Cuba, que considera que “solía ser un modelo” pero —ya sin los subsidios de Moscú o Caracas— ahora vive una debacle energética y humanitaria y “va a ser muy probablemente la próxima ofensiva de EE.UU.”. “Y finalmente está Venezuela, con el chavismo, que en su momento, con dinero y con el ALBA, impulsó el ‘socialismo del siglo XXI’ y miren en lo que terminó: un protectorado norteamericano con Delcy Rodríguez”.
En el resto de las izquierdas latinoamericanas ve diferencias y matices. Señala que al colombiano Gustavo Petro intentó tener “mucho protagonismo personal, pero le costó llevar ese liderazgo a nivel regional”. También considera que “ha caído en desgracia” la socialdemocracia, con referentes como Michelle Bachelet o “Pepe” Mujica”, así como la “modalidad muy particular” del peronismo kirchnerista. “El problema de la mayoría de estos modelos es que no han sabido generar una sucesión democrática de liderazgo”, sostiene, recordando el caso de Lula en Brasil, quien a sus 80 años buscará un cuarto período. “Claudia Sheinbaum es un caso excepcional en México: López Obrador hizo una transición a medias poniéndola a ella. Le ayuda que no haya una oposición articulada”, señala. “Gabriel Boric ha sido el único liderazgo nuevo, y hasta cierto punto Yamandú Orsi en Uruguay, pero si comparas a Boric con lo que en su momento fue Ricardo Lagos… hay una distancia en el protagonismo”.
Vuelve a los ciclos: “Entonces si los gobiernos de derecha no dan resultados, el péndulo va a volver a girar, pero ¿hacia dónde? Lo que estamos viendo es que en algunos casos la apuesta no viene del lado de la izquierda o la centroizquierda, sino de la derecha de la derecha, que dirá: ‘Hay que tener menos complejos aún’”.
Dudas sobre el inicio del gobierno de Kast
Daniel Zovatto asegura que al gobierno de José Antonio Kast le ha costado cumplir en sus primeros meses con las expectativas que generó con sus promesas: control de la delincuencia y la economía.
“La economía comenzó a crecer, pero habrá que ver si es sostenible. Ahí tiene un problema para un país acostumbrado a ser líder regional: si no hay cambios mayores, Kast arriesga terminar su período con un nivel de crecimiento similar al que tuvo Gabriel Boric, alrededor del 2%, lo cual no contenta a nadie en Chile”, dice.
La ciudadanía, sostiene, hoy tiene menos paciencia. “Es cierto que recién está arrancando, pero ha encontrado muchos problemas para lo que siempre se espera de la derecha: que llegue preparada, con mejor equipo, que sepa ‘patear mejor los penales’. Ha mostrado bastante improvisación, ha tenido que hacer cambios tempranos de gabinete, no tiene mayoría en el Congreso, ganó en segunda vuelta con votos prestados. Habrá que ver qué pasa de aquí a fin de año para saber si el gobierno ‘hace pie’. Pero siento que todavía no lo ha hecho, y eso le está pasando factura en una sociedad como la chilena, que demanda resultados oportunos y eficaces”.
Fuente: El Mercurio 