La tercera sesión del ciclo Geopolítica y Empresa reunió a Eric Farnsworth, José Miguel Insulza y Rodrigo Yáñez para examinar la redefinición de las prioridades de Estados Unidos en la región, la transformación del comercio internacional y la necesidad de que Chile combine apertura, predictibilidad y capacidad de anticipación.
El Centro de Estudios Internacionales de la Pontificia Universidad Católica de Chile (CEIUC) y SOFOFA realizaron la tercera sesión del ciclo Geopolítica y Empresa, titulada Geopolítica en las Américas: cómo Chile puede analizar, anticipar y adaptarse ante escenarios complejos y desafiantes.
El encuentro, desarrollado en el Centro de Conferencias SOFOFA, contó con la exposición de Eric Farnsworth, asociado sénior del Center for Strategic and International Studies (CSIS) y representante de Continental Strategy; los comentarios de José Miguel Insulza, exministro de Relaciones Exteriores y consejero del CEIUC; y la moderación de Rodrigo Yáñez, secretario general de SOFOFA.
La conversación abordó un escenario internacional en el que la geopolítica ha dejado de ser un elemento externo a la actividad económica. Las rivalidades entre las grandes potencias, la seguridad de las cadenas de suministro, el acceso a minerales críticos y la utilización de aranceles como instrumento político están incidiendo directamente en las decisiones comerciales y empresariales.
Un cambio estructural en la estrategia estadounidense
Eric Farnsworth sostuvo que la renovada atención de Estados Unidos hacia América Latina no debe interpretarse únicamente como una reacción coyuntural de una administración determinada. A su juicio, responde a intereses estratégicos de más largo plazo vinculados con la seguridad, la energía, las cadenas de suministro y la competencia internacional.
“Estamos viendo un cambio fundamental. Está siendo impulsado por la administración Trump, pero creo que es sostenible debido a los intereses de Estados Unidos que están involucrados en el hemisferio occidental”, afirmó.
Desde esta perspectiva, la región ha adquirido una relevancia renovada por su disponibilidad de recursos energéticos y minerales críticos, su proximidad geográfica y su importancia para la seguridad económica estadounidense. En este escenario, la presencia de China en América Latina se ha convertido en un factor determinante para la formulación de la política de Washington hacia el hemisferio.
Para Chile, esta reconfiguración presenta oportunidades, pero también exige una lectura especialmente cuidadosa. Su condición de productor de cobre y litio lo posiciona como un socio relevante para las nuevas cadenas de suministro asociadas con la transición energética, la electromovilidad y las industrias tecnológicas. Al mismo tiempo, su apertura económica y sus vínculos comerciales diversificados lo obligan a desenvolverse en un entorno de creciente competencia estratégica.
Farnsworth destacó que la relación bilateral posee fundamentos capaces de trascender las alternancias políticas. “Los valores e intereses compartidos por Chile y Estados Unidos darán sostenibilidad a una relación que sobrevivirá a cualquier administración”, señaló.
La afirmación apunta a que el vínculo entre ambos países no depende exclusivamente de afinidades gubernamentales. También descansa en intereses permanentes, como la cooperación económica, la estabilidad institucional, la defensa de la democracia y la importancia estratégica de los recursos naturales.
Aranceles y nuevas formas de negociación
Otro de los asuntos centrales fue la política arancelaria estadounidense y sus consecuencias para países que, como Chile, han construido su inserción internacional sobre la base de acuerdos comerciales y reglas previsibles.
“Chile ha quedado atrapado en esa agenda general de aranceles, pero creo que hay maneras de avanzar, como lo hemos visto con otros países. Una de ellas es la conclusión de un acuerdo de comercio recíproco, un RTA, que entiendo está en negociación”, explicó Farnsworth.
Su planteamiento muestra una transformación significativa del comercio internacional. Los aranceles ya no se utilizan exclusivamente para proteger determinadas industrias, sino también como instrumentos de negociación política y estratégica. Para una economía abierta como la chilena, este cambio plantea el desafío de defender las condiciones de acceso a los mercados sin abandonar una estrategia de diversificación comercial.
La respuesta de Chile, por lo tanto, no puede limitarse a reaccionar frente a cada nueva medida. Requiere identificar anticipadamente los sectores más expuestos, fortalecer los canales diplomáticos y comerciales, y desarrollar propuestas que permitan resguardar la competitividad de las exportaciones nacionales.
La predictibilidad como activo estratégico
José Miguel Insulza puso el acento en la importancia de la estabilidad y la predictibilidad de Chile en un contexto internacional marcado por la fragmentación y la incertidumbre.
El exministro fue enfático al señalar que “la globalización sigue”. Sin embargo, su funcionamiento está cambiando: los intercambios comerciales continúan, pero se encuentran cada vez más condicionados por consideraciones de seguridad nacional, rivalidades políticas y decisiones sobre la localización de inversiones y cadenas productivas.
En este escenario, la predictibilidad chilena constituye un activo que debe ser protegido. El respeto por las reglas, la continuidad de los compromisos internacionales y la capacidad de mantener relaciones con distintos actores aumentan el valor estratégico del país.
Esta lectura supone evitar diagnósticos extremos. La globalización no ha desaparecido, pero atraviesa una etapa de reorganización. Las empresas siguen operando internacionalmente, aunque ahora deben evaluar variables políticas, regulatorias y de seguridad que antes ocupaban un lugar secundario.
Para Chile, el desafío consiste en conservar su vocación de apertura sin desconocer los riesgos derivados de la concentración comercial, las dependencias tecnológicas y la competencia por recursos estratégicos.
La geopolítica en las decisiones empresariales
Desde la perspectiva de SOFOFA, Rodrigo Yáñez vinculó estas transformaciones con las decisiones que actualmente enfrentan las empresas. Su intervención situó la discusión en un plano concreto: la geopolítica debe incorporarse al análisis de inversiones, mercados, proveedores y cadenas de suministro.
Las tensiones entre Estados Unidos y China, la imposición de barreras comerciales y los cambios regulatorios pueden alterar costos, rutas logísticas y condiciones de acceso a los mercados. Por ello, la anticipación geopolítica se ha convertido en una capacidad necesaria para el sector privado.
El planteamiento de Yáñez también destacó la importancia de preservar la apertura comercial de Chile y, paralelamente, fortalecer su resiliencia. Ambos objetivos no son contradictorios. Una economía puede continuar abierta mientras diversifica mercados, reduce vulnerabilidades y desarrolla mecanismos de respuesta frente a interrupciones externas.
En este punto, la colaboración entre el CEIUC y SOFOFA permite acercar el análisis internacional a las necesidades del sector productivo. La comprensión del entorno global no solo contribuye al debate académico o diplomático: también entrega herramientas para adoptar mejores decisiones empresariales.
Anticipación, coherencia y apertura
La tercera sesión de Geopolítica y Empresa mostró que Chile enfrenta un escenario en el que las fronteras entre política exterior, seguridad económica y comercio son cada vez menos nítidas.
La respuesta no pasa por optar mecánicamente entre las principales potencias, sino por definir con claridad los intereses nacionales, fortalecer las relaciones de largo plazo y mantener una política exterior coherente. Esto implica profundizar vínculos con socios relevantes, diversificar mercados y aprovechar responsablemente la posición que entregan recursos como el cobre y el litio.
La principal conclusión del encuentro fue que la incertidumbre internacional no puede eliminarse, pero sí puede ser gestionada. Para ello, Chile necesita combinar predictibilidad institucional, apertura económica, coordinación público-privada y una capacidad permanente para interpretar los cambios del entorno global.
Con este ciclo conjunto, el CEIUC y SOFOFA buscan contribuir precisamente a esa tarea: generar espacios de análisis que permitan comprender las transformaciones internacionales y traducirlas en decisiones estratégicas para el país y sus empresas.
