El proyecto de fibra óptica, que unirá a Sudamérica con Oceanía, financiado por Google, podría estar operativo en 2028. En cambio, la propuesta de un consorcio chino ha sido pausada, en medio de una controversia diplomática con EE UU.
La construcción del cable submarino Humboldt, impulsada tras una alianza del Estado chileno y Google —suscrita en 2025— para conectar a Sudamérica y Oceanía, ha reflotado en medio de un inédito choque diplomático entre los Gobiernos de Gabriel Boric y de Donald Trump, ocasionado por el plan de un consorcio de empresas de China que busca hacer otro tendido de fibra óptica, pero para unir a la Región de Valparaíso con Hong Kong. Para el Departamento de Estado de Estados Unidos, que dirige Marco Rubio, este último proyecto sovaca “la seguridad regional”, por lo que sancionó con la revocación de sus visas estadounidenses al ministro de Transportes y Telecomunicaciones, Juan Carlos Muñoz, y a dos de sus asesores, el 20 de febrero.
A diferencia de la propuesta asiática, de la que Washington se opone, el embajador de EE UU en Chile, Brandon Judd, ha afirmado que el Cable Humboldt es “un ejemplo perfecto de un proyecto de infraestructura que no solo protege la soberanía, sino que la fortalece”. Y agregó, en una rueda de prensa del pasado 23 de febrero, que esta iniciativa “es una verdadera sociedad entre el Gobierno de Chile y una empresa privada de primer nivel. Nosotros apoyamos activamente que el Gobierno de Chile fuera dueño de una parte del proyecto y que fuera capaz de negociar el uso del cable para el beneficio del pueblo chileno. En pocas palabras, una sociedad de verdad, donde Chile mantiene su soberanía”.
Judd no ha sido el único que ha evocado a esta iniciativa. El canciller chileno Alberto van Klaveren, cuando el viernes 20 anunció que envió una nota de protesta diplomática a Estados Unidos tras las sanciones a los tres funcionarios, dijo que el proyecto de tendido chino estaba en etapa de evaluación. Y que, en cambio, “Chile solamente ha aprobado un proyecto de cable submarino transpacífico, que es el Cable Humboldt, que es financiado por la muy prestigiosa empresa estadounidense Google, en una asociación con el Estado de Chile, a través de la empresa Desarrollo País”. Y recordó que en este caso sí se inició “una tramitación de acuerdo a la institucionalidad y no ha sido objeto de decisión alguna hasta el momento”.
Pero, tres días después de la declaración del canciller, se conoció que el ministro Muñoz había aprobado, el 27 de enero, la concesión para que el consorcio de China Mobile, HMN Technologies y Hengton Optic-Eletric pudiese instalar, operar y explotar el tendido bajo la superficie marina, pero que 48 horas después la anuló. El Ejecutivo, en sus primeras vocerías, no había contado este hecho, y luego explicó que visar la concesión era la primera de las 13 etapas que contempla un megaproyecto de este tipo.
El Gobierno de Boric, que deja La Moneda el 11 de marzo, dejó en pausa el proyecto chino, por lo que ha quedado en manos de la Administración de José Antonio Kast, de la derecha conservadora, su aprobación o rechazo. Este martes ambos sontendrán una reunión en La Moneda. La cita está precedida por una nueva controversia, luego que el mandatario de izquierdas señalara este lunes al canal Mega que le comunicó a Kast sobre su visión del proyecto del cable chino y que como Gobierno han sido “absolutamente transparentes”. Pero Claudio Alvarado, el próximo ministro del Interior, ha dicho que las declaraciones de Boric “no se condicen con la realidad”. Previamente, Alvaro había señalado que en la reunión bilateral, del 13 de febrero, entre Muñoz y su sucesor, Louis de Grange, “no hubo ni una sola mención” al cable submarino.
Google: de Valparaíso a Sídney
La idea del Cable Humboldt, que tendrá una extensión de 14.800 kilómetros desde Valparaíso hasta la ciudad australiana de Sídney —pasando por la Polinesia Francesa—, nació en 2016, en el segundo Gobierno de la socialista Michelle Bachelet (2006-2010 y 2014-2018), y se siguió gestando en el segundo mandato de Sebastián Piñera (2010-2014 y 2018-2022), de la derecha tradicional. En 2025, en la Administración de Boric, y con Muñoz también a la cabeza de Transportes y Telecomunicaciones, fue firmado un contrato de alianza pública-privada para comenzar el desarrollo de infraestructura.
Cuando Boric presentó este proyecto, en enero de 2024, lo describió como “un puente submarino de intercambio de tecnología de sur a sur” y agregó que se estaba “avanzando, adicionalmente, desde una perspectiva geopolítica que es muy importante”. El ministerio de Transportes y Telecomunicaciones estima que el inicio de operación comercial del sistema sería en 2028; lo que dejaría en manos del futuro Gobierno de José Antonio Kast, que asumirá el próximo 11 de marzo, su inauguración y puesta en marcha.
Desde el ministerio de Transportes y Telecomunciaciones explican a EL PAÍS que “la ruta Chile–Australia no responde a una decisión política, sino técnica. Fue definida por un estudio de factibilidad independiente financiado por CAF [Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe], y posteriormente validada por Desarrollo País mediante un proceso competitivo internacional que convocó a los principales operadores de ambas regiones. La propia industria confirmó que era la alternativa mejor evaluada". Y agregan que el Cable Humboldt tendrá un impacto significativo en la infraestructura digital del país sudamericano y de la región porque ofrecerá una mayor resiliencia y redundancia en las telecomunicaciones internacionales, conectividad directa y de baja latencia con Asia-Pacífico, atracción de inversiones tecnológicas y fomento del desarrollo de data centers en Chile, y fortalecería el ecosistema digital y de innovación.
Hace dos años, el ministro Muñoz había destacado que el proyecto de Google “suma en independencia y soberanía en materia de telecomunicaciones y permite construirsobre nuestra red 5G fibra óptica nacional y al trabajo que estamos haciendo para conectar los pasos fronterizos”.
Chile, en medio de la rivalidad de China y EE UU
Andrés Bórquez, coordinador académico del Magíster en Estudios Asiáticos de la Universidad de Chile, explica que más del 95% de los datos internacionales, entre ellos comunicaciones gubernamentales, son transmitidos por cables submarinos, lo que les otorga una alta importancia geopolítica.
Plantea que países, como China y Estados Unidos, están recurriendo cada vez más a mecanismos directos de influencia económica, tecnológica y también estratégica. “En esa línea, los cables submarinos se han vuelto activos estratégicos, principalmente porque, en base a este tipo de tecnologías, se plantea la lógica de soberanía de datos y también de seguridad de la información”, dijo.
Jorge Sahd, director del Centro de Estudios Internacionales de la Pontificia Universidad Católica, afirma que la relevancia del Cable Humboldt para Chile está en que le permite diversificar sus salidas digitales: “Hoy, los cables submarinos a los que está conectado Chile, fundamentalmente se conectan con el hemisferio norte, y este supone la primera conexión en América del Sur con el Asia-Pacífico a través de Australia, lo que también permitirá, en el caso de aquellos datos hacia el Asia-Pacífico, tener una comunicación más directa”, añade.
Sahd cree que el control por los cables submarinos es “una expresión más de la rivalidad estratégica entre EE UU y China”. “Washington no está dispuesto a que China siga aumentado su presencia en activos estratégicos de la región y sabe que el acceder al flujo de datos a través de la infraestructura digital constituye una amenaza a su ‘monopolio’ en el control de los datos”, señala.
En lo local, el académico cree que la competencia entre ambas naciones deja a Chile expuesta, frente a “su ausencia de mecanismos de evaluación desde el punto de vista de seguridad nacional de cierta inversión extranjera en sectores estratégicos”. Destaca que el reciente roce diplomático solo es un episodio más de una seguidilla de inversiones chinas que han generado incomodidad en EE UU y donde Chile ha navegado intentando combinar lo mejor de los dos mundos en los últimos años: “Eso en la nueva geopolítica va a ser insostenible”.
Fuente: Diario El País (Chile)