Crimen organizado, tensiones geopolíticas y disputa entre potencias reconfiguran la gobernabilidad y el lugar de la región en el nuevo orden global.
América Latina enfrenta en 2026 un escenario de alta volatilidad política y geopolítica, con múltiples riesgos interconectados que, según la reciente edición del Índice de Riesgo Político América Latina 2026 del Centro de Estudios Internacionales de la Universidad Católica de Chile (CEIUC), condicionan la gobernabilidad, la seguridad y la proyección económica de la región.
El informe presentado el miércoles 14 de enero por el investigador y politólogo argentino Daniel Zovatto y el director del CEIUC, Jorge Sahd, resume las amenazas estructurales que seguirán marcando la agenda regional.
El mundo avanza hacia una recomposición profunda del comercio global y América Latina vuelve a quedar en el centro del tablero.
El escenario está marcado por la rivalidad entre Estados Unidos y China, la fragmentación geoeconómica y una creciente demanda de insumos estratégicos impulsada por la aceleración tecnológica. En ese contexto, la región -y especialmente Sudamérica- deja de ser vista solo como periferia para posicionarse como un nodo relevante por su dotación de recursos naturales, su capacidad exportadora y su ubicación estratégica.
“La transición hacia un orden post-hiperglobalización está transformando antiguas vulnerabilidades en potenciales fortalezas estratégicas”, advierten los directores del informe.
Pero esa ventana de oportunidad convive con riesgos significativos. La competencia entre grandes potencias, la volatilidad de precios, la presión sobre la infraestructura y las crecientes exigencias institucionales tensionan a economías que aún arrastran déficits estructurales, baja sofisticación productiva y limitaciones logísticas.
A ello se suma un dilema geopolítico central: cómo equilibrar los vínculos comerciales con Estados Unidos -con quien muchos países mantienen déficits persistentes- mientras se profundizan las relaciones económicas con China.
El devenir de América Latina en 2026 estará fuertemente condicionado por la evolución política de Estados Unidos y por su postura tanto frente a Venezuela -y el efecto dominó que esta tenga eventualmente en otros países de la región- como frente a China y Rusia.
La visita del presidente Trump a Pekín en abril 2026, así como las elecciones legislativas estadounidenses de medio término en noviembre, serán hitos con impactos sistémicos sobre la arquitectura económica y de seguridad global. A medida que avance el segundo año de su mandato, comenzarán a hacerse más visibles los efectos acumulados de sus decisiones en materia de comercio, clima, seguridad fronteriza, combate al narcotráfico y política exterior, todas ellas con repercusiones directas en América Latina.
Los riesgos que dominan
El estudio identifica los 10 riesgos más relevantes para América Latina en 2026. Entre los principales, destacan:
1. Crimen organizado y captura del Estado. El informe señala que el crimen organizado sigue siendo la principal amenaza a la gobernabilidad en varios países, con redes que trascienden fronteras y ejercen influencias políticas y económicas profundas.
2. Erosión democrática y violencia política. La polarización y las tensiones internas han deteriorado la confianza en instituciones políticas tradicionales. Según el documento, esto no necesariamente se traduce en golpes de Estado clásicos, sino en formas más sutiles de debilidad democrática que minan la competencia política efectiva.
3. Vulnerabilidad fiscal. Gran parte de los gobiernos latinoamericanos enfrenta limitaciones económicas estructurales que reducen su capacidad para invertir en desarrollo social y responder a crisis.
4. Tensión migratoria y fragmentación regional. La migración sigue siendo utilizada como herramienta política interna y externa, mientras que la falta de coordinación entre países reduce la capacidad de respuesta conjunta frente a desafíos transnacionales.
Venezuela y su impacto en la región
El informe incorpora la situación de Venezuela dentro del análisis de riesgo regional. La crisis política y económica en ese país -junto con su impacto migratorio, su rol en redes delictivas transnacionales y la importancia de su enorme riqueza petrolera- es vista como un factor que no solo afecta a Caracas, sino a toda la región.
La transición política de Venezuela es un factor de riesgo estructural que podría amplificar inestabilidad si no se maneja de forma pacífica.
Este diagnóstico se enmarca en un contexto más amplio: Estados Unidos ha intensificado su atención sobre Venezuela y su producción de petróleo, un recurso estratégico que juega un papel clave en la economía global y hemisférica.
La importancia de estos recursos no solo radica en su valor económico directo, sino también en cómo condicionan alianzas y tensiones geopolíticas entre potencias y economías emergentes que compiten por influir en América Latina.
Reconfiguración geopolítica
El informe destaca que la política exterior de Estados Unidos hacia la región, especialmente en materia de migración, seguridad y comercio, será un factor decisivo en 2026. La reconfiguración del papel estadounidense -con énfasis en la defensa de su acceso a recursos y mercados estratégicos- intensifica las incertidumbres para gobiernos y economías latinoamericanas.
Aunque el índice se concentra más en riesgos políticos que en acuerdos comerciales, su contexto incluye la importancia de las relaciones externas con bloques como la Unión Europea (UE). En los últimos años se ha debatido la relevancia del acuerdo UE-Mercosur, pensado como un contrapeso a las presiones proteccionistas de Estados Unidos y como una oportunidad para diversificar mercados y consolidar normas más estables de comercio e inversión.
En ese sentido, la apertura de relaciones comerciales con la UE, que abarca una parte importante del PIB regional, constituye un elemento estratégico para la estabilidad económica y política, más allá del enfoque meramente económico del tratado.
Fuente: Comercio y Justicia